
La fuerza roja de la tierra sigue extendiendo su imperio escarlata por los escarpados precipicios del Cañón de los Reyes, Kings Canyon. Ascendemos por las rocas que nos elevan al lomo del cañón, el sendero que marca la propia naturaleza discurre entre rocas y árboles firmemente enraizados que manifiestan su caprichosa ubicación con cierto orgullo. El lugar no sorprende en cada nueva vista: primero las vistas generales sobre el conjunto, luego el gran palmeral, las rocas en equilibrio y finalmente, entre los dos brazos de cañón, una escarpada caída de impresionante calado no apta para personas con vértigo. La garganta que la recorre está tapizada por abundantes árboles, arbustos y esconde en su interior lagunas de agua pura, cristalina y fría, muy fría. Lo llaman el Jardín del Eden y no es para menos.