Los 30 kilómetros de desierto rojo que separan Uluru de las Olgas merecen la pena ser recorridos. El Monte Olga, con sus 546 metros de altura, forma parte de Kata Tjuta ("muchas cabezas"), la obviedad del término aborigen queda claro cuando te sitúas frente a ellas. La visita no es tan solo una admirable panorámica, va mucho más allá. Penetrando en las grietas entre las grandes cabezas nos encontramos con un oasis encajado entre las altas paredes verticales y se pueden realizar impresionantes paseos rodeándolas por varios sitios. Si bien Uluru es monolítica, las Olgas permiten un contacto más íntimo y personal con esta curiosa y caprichosa naturaleza.