
El frío disminuye ligeramente en las Flinders y aunque nos tenemos que abrigar bien la mayoría de las noches que se van sucediendo, ya podemos cenar con tiempo y charlar tranquilamente con la cálida bendición de una buena hoguera de campamento. Las llamas siempre nos embelesan, su hálito y el paisaje que nos rodea es exactamente el mismo que inspiraba los trazos difusos del sueño aborigen, de aquellos ancestros que concibieron este gran sueño creador de la vida pero también la muerte.