
El pueblo de Norseman
se presenta como la puerta de los 1.500 kilómetros de ruta a través de una
gran llanura cuyo nombre lo dice todo: Nullarbor, proveniente de una mala
derivación del latín "Sin Arbol". Es una ruta impactante por su
desolación pero con el encanto de los lugares perdidos y vírgenes. La ruta de
Eyre por el Nullarbor ha ido acercándose cada vez más al mar, nos salimos de
la carretera general para poder experimentar lo que sintió este explorador hace
siglo y medio. Llegamos hasta el mismísimo borde del frente de acantilados, su
espectacularidad sobrecoge. Miramos hacia abajo (no hay que tener ni una pizca
de vértigo) y las olas feroces muerden y arañan la roca como un ser demoníaco
poseído por un afán indescriptible de destrucción. La erosión es terrible y
todos los años, este poderoso muro que parece inamovible, retrocede un poco.

El cuadrado marca el avance de nuestro Mitsubishi Montero hasta el borde mismo del acantilado. Es evidente que ni pasajeros ni conductor deben de padecer vértigo.

Atardecer en el Nullarbor. En esta gran
llanura tan solo algunos aislados arbustos o desangelados árboles rompen la línea
horizontal del horizonte y las nubes son tan bajas que parecen alcanzables con
las manos.

Una concentración sobre dos ruedas con solera se da cita desde hace 25 años entre las ciudades fronterizas del estado occidental y el estado meridional, Eucla y Border Village respectivamente. Motoristas de un estado y otro se reúnen en este emblemático lugar desde hace un cuarto de siglo para compartir jornadas con un fuerte sabor "aussie", termino que define y rememora el espíritu australiano más puro y auténtico de los inquebrantables pioneros del pasado siglo. José Enrique, motorista de vocación y corazón, y miembro activo del reputado "Club Pingüinos" (www.lapinguinos.com) no pudo resistir la tentación de intercambiar impresiones, anécdotas y por supuesto pins motorísticos de dichas concentraciones. Este grupo de veteranos fueron muy receptivos y animados e inmortalizaron el momento con la bandera pingüinera del afamado club español. Con estas últimas emociones comenzamos a dejar tras nosotros nuestro tránsito por esta simbólica tierra del Nullarbor