Fijo la vista y veo una manada de yaks con sus crías, se están paseando también por la orilla del lago. Nos acercamos a pie, no huyen, se quedan parados un momento y nos observan. Nos consideran inofensivos y siguen pastando. Que más se puede pedir. Son momentos inolvidables.
Los yak se hallan tan ligados a la Ruta de la Seda como lo pueden estar los dromedarios y los camellos.
El lago Karakul es un mundo alpino aparte donde no paran de llegar "invitados". En su orilla una pareja de camellos se pavonea con sus rítmicos y pausados movimientos, como queriendo robar protagonismo a este incomparable marco natural.