-Será un momento, tu vigila que no haya ni un alma. -Me dice
Vicente.
-Adelante, no mira nadie. -Le contesto, mientras miro en todas direcciones. Vicente coge
el papel que tenía en la carpeta y lo introduce en un buzón que está en medio de la
aduana china de Taxkorgán.
-Pues ya está, ahora que hagan lo que quieran. La verdad es que no creo que valga para
nada pero me quedo más tranquilo así. -Nos vamos alejando del buzón mientras Vicente
sigue hablándome. -Me pone enfermo todo el tema de corrupciones y de abuso de poder. Me
da lo mismo que sea Europa, América o un rincón perdido de Asia. -Concluye. La verdad es
que a mí también me saca de mis casillas todo este asunto de corrupción institucional
pero Vicente, al dominar mejor los idiomas, es el que trata casi siempre con los
aduaneros, es al que le tocan esos "marrones" del viaje, soporta una tensión
tremenda en cada control de policía o paso de frontera centroasiática. Todo ello le hace
especialmente sensible con ese tema.
-Así podremos comprobar si los chinos tienen ahí ese buzón "de adorno" y tan
solo para presumir de su lucha contra la corrupción o si realmente lo tienen en cuenta y
contestan a las quejas que puedan formular los viajeros. - Le contesto.
Nos hemos vuelto a sentar en la sala de espera y miramos el flamante
buzón que pone en inglés: "Buzón para quejas de los viajeros que transiten por
esta aduana y que consideren que el trato de los funcionarios no ha sido correcto o se ha
detectado algún tipo de irregularidad". Había un buzón igual en la aduana de
entrada desde Kirguistán pero no nos atrevimos a formular la denuncia del jefe de
aduanas, placa B65 3356, por si al final la liábamos y el susodicho personaje nos traía
complicaciones. Ahora era distinto, nos vamos, y en ese papel dejamos todos nuestros datos
y el incidente que tuvimos con él. No obstante, después de la escena con el otro jefe de
aduanas tampoco nos fiamos ni un pelo de lo que pueda pasar cuando lo lean, por eso lo
introducimos a escondidas. Cuando abran el buzón ya estaremos lejos y si el buzón es
"real" nos contestarán, hemos dejado todos los datos, incluido el e-mail.
Preferimos una respuesta "por correo" a una en "persona" por los
motivos expuestos. Uno a uno hemos reflejado todos los conceptos de los que le acusamos:
corrupción, abuso de poder, chantaje y robo. Ahí va eso. Pero por lo visto ese buzón es
solo de adorno porque esta crónica se escribe casi dos meses después del incidente a la
entrada de China y nadie ha contestado.
Dunkel regresa de su periplo por los despachos, ha estado un par de
horas desfilando por varias ventanillas pero por fin vuelve con nuestros pasaportes y nos
despedimos. Aquí acaba su misión, pero su profesionalidad y calidez como persona nos ha
permitido una relación más humana que la que en un principio nos imaginábamos por la
imposición de su presencia.
A partir de ahora seguimos caminos opuestos, el se vuelve desde
Taxkorgán a Kashgar mientras nosotros seguimos rumbo a Pakistán. Los últimos 160 km.
por China serán en solitario. Nos insiste reiteradamente en no parar y seguir sin demora
hasta el puesto fronterizo. Pero por el camino es fácil salirse de la solitaria carretera
para pistear por terrenos que nos acercan a asentamientos tajiks o a manadas de camellos
que pastan por el altiplano. Kilómetro a kilómetro nos vamos acercando a la frontera y
al paso transitable más elevado del mundo: el Paso de Khunjerab.
La bandera china ondea con energía debido al potente viento que azota
el lugar, un frío que congela hasta el pensamiento. Su paso es pura rutina, apenas dura
unos segundos, se limitan a comprobar que tenemos todos los sellos de salida puestos en
Taxkorgán. La provincia china de Xinjiang comienza a quedar atrás y seguimos avanzando
durante tres o cuatro kilómetros. Una barrera nos corta el camino, en medio de ella dos
pequeñas banderas de China y Pakistán entrelazadas. Es la frontera pakistaní.
Un militar nos da la bienvenida al país con un fuerte apretón de
manos y al vernos tan entumecidos por el frío nos ofrece que compartamos una taza de
"milk-tea", el té con leche tan típico de Pakistán. De nuevo en Pakistán, de
nuevo los corazones puros y la hospitalidad de este pueblo. Fue en la otra punta del país
-en el desierto del Baluchistán- pero así fue también nuestra primera entrada en
Pakistán, hace siete años con la Ruta de Alejandro Magno, cuando veníamos preocupados
por la mala (e injusta) prensa internacional que lo pone siempre como un país salvaje y
... lo primero que nos encontramos fue un fuerte apretón de manos de los aduaneros, una
bandeja de té con pastas y una conversación amistosa sobre cómo llevábamos el viaje
(todos los viajeros que nos movemos por estas fronteras terrestres solemos llevar mucho
tiempo fuera de casa y ellos lo saben). Pronto comprobamos que no son solo los aduaneros,
los militares o los policías se comportan así con los viajeros sino que toda la
población transforma en "huésped" a los visitantes extranjeros. Así fue
entonces y así sigue siendo ahora. Por eso, cuando pasábamos momentos tensos en Asia
Central pensábamos ... Pakistán está al final de esta etapa, ahí nos repondremos.
Y no era solo eso, este paso fue una meta fallida en el otoño del 92,
cuando las intensas lluvias desmoronaron la carretera Karakorum y nos dejaron a 100 km. de
este lugar (veníamos desde el lado pakistaní). Una espinita se quedó clavada y en esos
momentos pensamos: "hemos perdido una ocasión única, es muy difícil volver e este
lugar con nuestra propia montura y volver a intentarlo". Recuerdo todavía lo
ofuscada que me sentí en mi interior y la cara de decepción y resignación de Vicente.
Quién nos iba a decir en aquel momento, que tan solo siete años después, en los albores
del tercer milenio de nuestra era, íbamos a tener una segunda oportunidad de llegar a
este lugar y ... ¡desde el otro lado! ¡desde China!, un desafío todavía mayor. Nadie
sabe realmente lo que le depara el destino.
Hace mucho frío, el "milk tea" en la caseta nos reconforta.
Casi no nos lo podemos creer, estamos en el paso de Khunjerab, a 4.732 m. de altura, en el
paso fronterizo público más alto del mundo. Ahora sí que podemos cantar victoria por
haber logrado la meta más complicada de la primera etapa de la Ruta de los Imperios: ser
los primeros españoles que conseguimos ir de Turquía al Himalaya a través del Cáucaso
(Georgia-Armenia), Irán, Asia Central (Turkmenistán-Uzbekistán-Kazajastán-Kirguistán)
y China. Las banderas de China y Pakistán se hallan sobre la barrera que separa estos dos
países ... nuestro Mitsubishi Montero está en China y nosotros ... en Pakistán. Es un
momento único y como en todos los lugares más emblemáticos de le Ruta de los Imperios,
homenajeamos a nuestra ciudad y desplegamos los colores de Ceuta.
Solo son las doce del día y estamos a 0 grados con un viento que nos
congela las manos mientras sacamos la foto. A nuestros alrededor, el coloso más
impresionante del mundo: el Himalaya. A nuestros pies, la carretera Karakorum pakistaní,
posiblemente la obra de carretera más complicada del mundo. Un hito en el mundo de la
ingeniería ... que se llevó cientos de vidas en su realización. Su mantenimiento sigue
siendo un desafío para el hombre, que tiene que luchar contra avalanchas, corrimientos de
tierra, tormentas de agua que generan cataratas en cuestión de minutos, la nieve y el
hielo en invierno, ... Varios regimientos del arma de Ingenieros están acantonados a lo
largo de toda esta zona para cuidar su mantenimiento y procurar que siempre esté abierta
aunque ... el poder de la naturaleza es mayor al del hombre, como bien pudimos comprobar
en el 92. El Himalaya no son "montañas", se trata de una cordillera viviente,
un ser vivo que palpita, que se mueve (con el choque de las placas tectónicas), se sacude
(con los terremotos), que llora (con sus torrentes estacionarios), que tiene rabietas
tirando todo al suelo (avalanchas), ... es como la montaña de roca de "La historia
Interminable".
Deslizarse por la sinuosa Karakorum pakistaní es mucho más desafiante
y sobrecogedor que la Karakorum china. Todo esta tan próximo, tan cercano ... como si
este enorme gigante tratara constantemente de atraparte en su seno. Y serpenteando a sus
pies el río Indo, el Hunza, el Gilgit, ... la sangre de este prestigioso y temido coloso
de las alturas. Estos cuchillos han conseguido desgarrar las carnes del Himalaya y crear
increíbles valles. Esta potente sabia a veces se muestra como una suave y tranquila
corriente para acto seguido cambiar su rostro y mostrarnos su cara más violenta y
arrasadora, como reflejo de lo que pueden provocar sus vecinas alturas.
En Sost es donde pasamos realmente la aduana. Aunque no nos lleva más
tiempo que el de tomarnos otras dos tazas de "milk tea" a las que nos invitaron
este nuevo grupo de aduaneros mientras toman nota y sellan el Carnet de Passage del coche.
Una rápida mirada al Montero y de nuevo "Welcome to Pakistan".
SHANGRI-LA
El impetuoso tobogán montañoso de la Karakorum nos hace seguir
bajando hasta alcanzar el Shangri-La perdido y ahora hallado: el cautivador valle de
Hunza. Las historias más antiguas afirman que en este apartado lugar las tropas olvidadas
de Alejandro Magno dejaron su huella genética. Cierto o no, es fácil toparse con rasgos
mediterráneos y resulta sorprendente cruzarnos por sus calles con miradas claras o como
algunas niñas se tapan con sus pañuelos largos mechones de pelo rubio. Y es fácil, muy
fácil mezclar la historia con la leyenda es un lugar que durante siglos ha estado aislado
de influencias externas. Un valle tan impresionante como acogedor. La naturaleza ha
colocado unos majestuosos vigilantes que se erigen entre los picos más elevados del
mundo. Las cimas Ultar, la más alta con sus 7.388 m o el gran Rakaposhi con 7.790, llevan
contemplando durante milenios el fértil y no siempre apacible valle. Los propios fuertes
de Baltit y de Altit son dos de los históricos vigilantes que los hombres, con permiso de
la naturaleza, colocaron hace siete siglos para controlar este valle.
El otoño es el momento perfecto para visitar un lugar que aparece como
el mismísimo Shangri-La, que tantas líneas y tantas ensoñaciones ha evocado. Los
árboles frutales como el albaricoque consiguen un precioso color anaranjado mezclado con
amarillos y marrones que se deslizan en cascada por las terrazas del valle. Sobre los
techos de las casas las mujeres ponen a secar las hierbas, frutos y verduras que les
servirán este invierno para alimentarse. Dicen que las aguas de Hunza, directamente
recibida de los picos nevados y muy ricas en minerales, guardan el secreto de la
longevidad de la que tanto presumen los hunzakis. Sus mujeres, siguen vistiendo como lo
hicieron sus madres, sus abuelas... con el gorro hunzaki bordado por ellas mismas y que
combinan con pañuelos de fuertes y chillones colores, amarillo, morado, rojo. Los hombres
en cambio son más discretos y monótonos a la hora de vestir el traje tradicional
pakistaní (la "chaluar camis") y sus gorros de lana. Son musulmanes, pero su
postura ismaelita, seguidores del Agha Khan, les permite que las mujeres gocen de un
comportamiento más relajado y amistoso en sus relaciones sociales, así como prescindir
del Ramadán y que puedan destilar un licor que durante generaciones han bebido sin
cortapisas.
No hay extranjeros, estamos fuera de temporada, casi todo está
cerrado. El invierno está a la vuelta de la esquina y las primeras nieves comenzarán a
caer en breve. Conocemos a Mansur, dueño de la pensión-camping New Hunza Tourist Hotel,
un pequeño complejo de sencillas habitaciones distribuidas en casetas. Es todo un
personaje en Hunza y es sencillo que te arranque carcajadas con sus bromas y sus
increíbles historias. Nos dio un fuerte apretón de manos nada más vernos y tras
decirnos "Welcome to Hunza, ¿Qué hacéis aquí, si casi todo está cerrado?",
nos lleva a su recinto de casetas y nos da las llaves de la cocina, y del saloncito.
"Como en vuestra casa, podéis acampar aquí y quedaros el tiempo que queráis. No os
voy a cobrar nada, para mi se acabó el trabajo esta temporada, es la época de mi relax y
de divertirme. La temporada alta es muy dura, siempre subiendo y bajando montañas",
nos dice. Mansur no para de ir a bodas, a veces como invitado y otras porque le alquilan
su jeep rojo, el "Mountain Tiger", el "Tigre de las Montañas". El
otoño es la temporada "alta" de las bodas, por eso de que se acerca el invierno
y hay que tener la cama "calentita" y por ende ... el verano es la época de los
nacimientos. Entre boda y boda se viene a charlar, reír o compartir con nosotros un
vasito del "licor de Hunza" que no hay quién se lo beba de lo fortísimo que
es, pero para ellos es tan revitalizante como el agua de sus montañas.
Han vivido siempre en una auténtica autarquía que comienza a ser
trastocada por su contacto con el mundo exterior a raíz de la construcción de la
carretera Karakorum. Todo emana una paz embriagadora como si el tiempo no hubiese
transcurrido y repitiese las escenas cotidianas siglo tras siglo, ajenos al paso del
tiempo. El invierno es el momento en el que los más viejos, junto al fuego, comienzan a
relatar historias que entremezclan con leyendas. Estas han sido transmitidas por
tradición oral por sus ancestros y hoy, a finales del siglo XX, se siguen perpetuando al
calor del fuego mientras el invierno toma posesión del valle.
Pero las imágenes más antiguas son las que a las afueras de la ciudad
están grabadas sobre enormes y pesadas rocas. El carácter sagrado que ostentaron hace
siglos es ahora admirado para fortuna nuestra con tan solo seguir el río Hunza. Las
representaciones se remontan a tiempos inmemoriales, donde los animales como el ibex, con
sus largos cuernos, están asociados a rituales de cazas y símbolos de fertilidad y
abundancia. Escenas de caza, venados y símbolos que fueron grabados por unos hombres
adoradores y temerosos de la fuerza de la naturaleza
Nosotros invocamos al mismo cielo que lo hicieron los antiguos
pobladores, para que no se produzca ningún desprendimiento por las pistas que estamos a
punto de recorrer para alcanzar el valle de Nagar. Queremos ver el glaciar de Bualtar, en
la población de Hoper. La pista está literalmente encajada en la falda de una montaña
cortada a tajo. Cuando se ve desde fuera parece increíble que un vehículo pueda caber
por ahí pero ... al final sí que cabe.
El panorama sigue estando dominado por los espectaculares valles en
terraza con cientos de albaricoques que pigmentan de azafrán su vasta y parda tierra.
Seguimos el estrecho camino pero esta vez no se nos corta el paso con una avalancha, como
la que antaño nos obligó a dar la media vuelta. Francamente, el Himalaya nos dio
"trabajito" en aquella ocasión. Pero hoy, ¡logramos alcanzar el glaciar!
La pista se acaba en Hoper e iniciamos un corto recorrido a pie hasta
que llegamos a un alto desde el que podemos observar el glaciar. Bualtar es una mole
helada de aristas angulosas y tono azulado, avanza sigiloso y sin descanso por el lecho
que las montañas le han dejado. En las colinas de los alrededores los yaks consiguen
mantener el tipo sobre las deslizantes faldas montañosas a pesar de sus voluminosos y
torpes cuerpos. El frío es horrible especialmente cuando el sol desaparece por completo.
Eso nos indica que debemos volver a nuestro refugio de Hunza, aquí la temperatura puede
bajar hasta 10º bajo cero.
Avanzamos sin problema hasta que la luz de los faros nos muestra algo
que no se encontraba en la carretera durante nuestra ida: un montón de tierra y rocas que
han hecho desaparecer el camino. Se ha producido un derrumbamiento y la pista está
cortada. ¡Lo que son las cosas! Si hace siete años una avalancha no nos permitió llegar
a Hoper ... ¡hoy nos encontramos una avalancha que nos corta la salida! Esto en mucho
más grave. Es pequeña y ha ocurrido hace realmente poco, el ligero polvo está todavía
en suspensión. Lo inspeccionamos todo y en principio parece que el panorama no es tan
crudo, casi todo es fech-fech (arena fina como la harina) y las rocas que se ocultan entre
la arena, camufladas como trampas invisibles, no exceden los 15 kilogramos. Igual lo
podemos cruzar si trabajamos duro. Orientamos los faros para iluminarnos bien y nos
ponemos los guantes. Vicente se dispone a mover las piedras y tirarlas colina abajo
mientras yo cojo la pala para ir nivelando la tierra. Un gran "pluf" se oye cada
vez que Vicente se deshace de una roca y cae rodando por el cortado, el río Nagar está a
nuestros pies aunque no lo veamos.
-¡Ya está! Las piedras están fuera, no podemos hacer más. Voy a
intentar cruzarlo a toda velocidad para no quedarme empanzado en el fech-fech. -Me dice
Vicente mientras se sacude todo el polvo y se quita los guantes. Estamos trabajando
hundidos hasta las rodillas (bueno, hasta mis rodillas, no las de Vicente, que yo soy más
bajita). Menos en los pies, gracias a las botas altas, nos encontramos embadurnados de
arena por todos lados.
-Creo que ya está bastante liso, hay un gran montículo todavía pero
si se coge bien se puede superar. -Le digo, comprobando mi parte del trabajo y quitándome
el sudor de la frente ... a la vez que se me pega la arena en la cara.
-Mejor lo cruzo solo, como se me vaya el coche hacia el lado malo ...
mejor que quede uno para contarlo.- ¡Y se echa a reír! ¡Que poco me gustan esas bromas!
Porque son bromas si todo acaba bien pero como acabe mal ...No me gusta reír a priori, el
tramo se halla sin piedras pero hay mucha tierra y tan solo dispone de tres metros de
ancho para controlar el coche si derrapa. - ¿Estás lista? - Me pregunta, extrayéndome
de mis pensamientos.
-¡Espera que me aleje! ¡Me voy al otro lado a pie! -Le contesto
rápido. Ya conozco las polvaredas tan tremendas que se montan cuando se avanza por el
fech-fech. Si me quedo detrás y lo tengo que cruzar a posteriori me puedo despeñar
porque no se vería nada. De noche, 100 metros tropezando con las piedras y con una nube
de polvo que igual tarda 10 minutos en comenzar a aclararse tendría todos los boletos
para que yo también hiciese un gran "pluf" en el Nagar. Llego al otro lado, le
hago señas a Vicente para que salga.
-¡Allá voy! -Me grita mientras me hace el cambio de luces por si no
le he oído. El motor ruge y acelera violentamente para coger velocidad. Las ruedas cortan
la arena como cuchillas, nuestro todo terreno no se desvía de su trayectoria, casi todo
el Montero está engullido por la brillante y vaporosa nube de polvo que se debate en la
negrura, yo solo veo los faros y el morro que sobresale de la nube y que se dirige rápido
hacia mí. Su avance es como una aparición, como si un agujero negro de un pliegue
espacio-tiempo hubiese nacido ahí y una nave de otra dimensión estuviese apareciendo de
la nada. Es todo un espectáculo. La nave llega a la duna, las ruedas cortan la arena pero
el cubrecarter hace efecto de esquí y los faros se ponen a iluminar el cielo. La nube se
ha tragado nuestra montura, los faros crean una vía láctea terrenal llenando esa
nebulosa de brillos confusos. Los focos vuelven a reaparecer y apuntan de nuevo al suelo,
ha superado el promontorio y no se ha desviado ni un ápice de su rumbo. Vicente aminora
la velocidad para no arrastrar la nube hasta donde me encuentro. Me sonríe pícaro, le
devuelvo la sonrisa y me subo de nuevo al todo terreno. Tenemos vía libre hasta Hunza.
Pero ... la noche todavía nos reserva más sorpresas. Mientras
escribimos el diario y volcamos las fotos digitales al ordenador, los cristales de las
ventanas de nuestro refugio comienzan a vibrar.
-¿Quién anda ahí? -Pregunto a Vicente. Pensé en Mansur gastando una
broma pero ... no era Mansur.
-Mira los libros de la estantería. -Me dice con esa sonrisa
sarcástica de cuando me quiere tomar el pelo. Giro la vista.
-¡Se están moviendo! -No daba crédito a lo que veía.
-¿Lo notas en el suelo? Es un terremoto. -Me dice mientras se ríe por
mi cara de no entender nada. ¡Hoy tiene el día jocoso! En un principio pienso que bromea
pero cuando veo la lámpara y los cristales temblar cada vez con más fuerza es obvio que
no se trata de una broma. Vicente ya había pasado por esa situación, en Israel, pero
para mí es algo completamente nuevo. Salimos al jardín y segundos después todo vuelve
al más completo silencio. Todo se terminó ahí. Al día siguiente nos enteraríamos que
fue 5,5 de la escala Richter.
Si la prueba de la avalancha y del terremoto la superamos positivamente
de lo que es imposible librarse es del frío glacial, que cada vez es más intenso, sólo
hay una manera de librarse de él, alejándonos lo más posible de sus garras. Una
mañana, tras levantarnos observamos como todo a nuestro alrededor está nevado y los
picos han desaparecido tras un mar de densas nubes, el invierno avanza imparable. De nuevo
nos replegamos y vamos dejando muy a nuestro pesar nuestro hallado Shangri-La.
Desde Gilgit intentamos llegar a Chitral por la ruta del paso de
Shandur, a 3.810 metros. Este camino se trata de una pista que sigue el río Gilgit hacia el
oeste a través del espectacular Hindu Kush, son 450 kilómetros que requieren un mínimo
de tres días. Tan solo es usada por los locales, no hay mantenimiento, y cuando llegan
las nieves ... el puerto de Shandur queda cerrado hasta el verano siguiente. El paso está
a 300 km. de Gilgit y hay que estar muy seguros de que está abierto antes de partir
porque se tarda dos días en llegar, casi todo el rato bordeando precipicios. ¡Cómo para
encontrárselo cerrado y tener que regresar por el mismo camino! Eso sin contar con que
puede haber una avalancha tras nosotros y quedarnos atrapados. No es ninguna broma
quedarse atrapado ahí, el frío nos podría "despachar" porque el termómetro
baja a una velocidad de vértigo día a día. Preguntamos a conductores y comerciantes que
suelen hacer esta ruta, la respuesta es unánime: el paso ya está cerrado por las nieves
y es infranqueable. Es un callejón sin salida.
Nos hacía especial ilusión llegar al valle de Chitral, se le describe
como otro paraíso himalayo y es el hogar de los kalash, un pueblo animista que sigue
practicando sus ritos ancestrales. Fue también uno de los valles "sacrificados"
en el 92 (no se puede ir todos los sitios) y nos habíamos propuesto alcanzarlo esta vez
pero ... no puede ser. Ahí se queda esa espinita y ahí nace la ineludible pregunta:
"¿Volveremos algún día a esta zona para alcanzar el valle de Chitral?".
Quizás pronto, quizás tarde, ... quizás nunca. El destino es un libro con sus páginas
en blanco y algunas páginas las escribimos nosotros mismos y otras "nos las
escriben".
En Gilgit nos replanteamos el camino e iniciamos la siguiente etapa:
recorrer el valle de Skardu en el Baltistán, al noroeste de la disputada y conflictiva
región de Cachemira. La ruta para alcanzar Skardu sigue el curso del río Indo a través
de una pista que literalmente atraviesa el corazón de las montañas. Estrecha, sinuosa y
muy inestable por los continuos desprendimientos de rocas. Pero debe de estar militarmente
operativa por su especial situación y por ello el ejército, cuando se producen
avalanchas, envía una compañía para despejarla ipso facto. Precisamente este camino
está sembrado de monolitos en los que se recuerda la memoria de aquellos militares que
cayeron en las labores de construcción de este ramal de la Karakorum.
EL DESAFÍO DE LA NATURALEZA
La carretera Karakorum inició su construcción bajo el auspicio de
chinos y pakistaníes en su intento de unir comercialmente dos países que desde la
legendaria Ruta de la Seda mantenían intercambios comerciales ... recorriéndola en su
forma natural. Pero estamos en el siglo XX y los progresos de ingeniería se plantean el
reto de construir una carretera por el corazón de una cordillera que continúa en
permanente formación. Un auténtico desafío a la naturaleza que se cobró y se sigue
cobrando vidas humanas en el duelo que ambos sostienen mano a mano. La Karakorum se
finalizó en el año 1979 pero no se abrió hasta el año 1982 y sólo como ruta
comercial. Unos años después, en el 1986, por fin fue públicamente abierta. Cada
kilómetro que se recorre por esta maravilla de la ingeniería es de asombro y
expectación constante. Y uno no puede por menos que pedir al cielo que no se produzca una
avalancha justo en el momento en el que estemos recorriéndola. Porque cuando ves piedras
o rocas de considerable tamaño en medio del camino piensas "que la próxima que
caiga no sea justo en el momento que pasemos". Pero estos fugaces pensamientos quedan
totalmente eclipsados cuando te fundes con su salvaje belleza. Mis
recuerdos de cuando la recorrí por primera vez se afianzan con más fuerza en mi segundo
encuentro con ella. Ahora me parece más fiera, más grande, más inquieta y me fascina si
cabe más aún que la primera vez. Es uno de esos lugares que te seducen irremediablemente
y de los más espectaculares del mundo.
Las terrazas cultivadas anuncian la presencia humana y seguimos
avanzando hasta que la cordillera se abre para dejar paso al valle de Skardu, una
descomunal ensenada donde el río Indo nos muestra su tramo más amplio. Pero las nubes
han velado el sol y nos ha impedido disfrutar de su máxima belleza, el final del otoño
nos está jugando muy malas pasadas con las luces, las sombras... y las nieves. Esta
majestuosa zona del mundo alberga muchos picos que pertenecen a los más altos de la
tierra. El K2 (con sus 8.611 se yergue como el segundo más alto del planeta, después del
Everest), el Masherbrum con 7.821 m. o el Hidden Peak con 8.068 m. Todos ellos
enmascarados por las nubes, una pena.
Skardu se halla a 2.290 m. de altura y los budistas arribaron a esta
zona del Baltistán (conocido como el "pequeño Tibet") en el s.III d.C. y
llegó a formar parte del Imperio Tibetano durante los siglos VIII y IX. Pero en el s.XV,
el Imperio Islámico, probablemente entrando desde Cachemira, fue el que definitivamente
asentó sus raíces. Es otro Reino Perdido del Himalaya y el fuerte Sij que emerge de un
espigón de la gran roca que domina el centro del valle, da fe de ello.
Es hora de cenar, acampamos en el jardín de un minúsculo hotelito,
sencillo a más no poder, y decidimos cenar allí mismo. Un platito de beef-curry, otro
platito de pollo qurma y un gigantesco plato de arroz (en eso sí que son generosos).
Están echando en la televisión una infumable película India de esas que hacen cinco por
día en Bombay: muchas tortas por doquier, tiros y bailoteo.
-¿Qué te pasa? ¿Estás bien? -Le pregunto a Vicente, le acabo de
mirar y tiene realmente mala cara.
-No lo sé. Me siento raro. Igual soy alérgico a las películas tan
malas. -Me dice bromeando, mientras se apoya la cara en la palma de ambas manos. Le pongo
la mano en la frente y la tiene helada. -Estoy algo mareado.- Prosigue. No me gusta nada
cuando se pone así, nunca se queja de nada y cuando utiliza las palabras "me siento
raro" es que se siente fatal. Recuerdo todavía la otra vez que utilizó un
expresión similar, cuando me dijo en El Cairo "me siento cansado" y al final
tenía una giardiasis (un parásito que causa desordenes intestinales y que se encuentra
en el agua contaminada) que le dejó hecho polvo durante cuatro días.
-Apóyate un poco en la mesa, a ver si se te pasa. -Le propongo. Su
rostro se ha quedado blanco como la nieve. Pone las dos palmas sobre la mesa en la mesa y
apoya la cabeza sobre el anverso de ellas. Se queda así 2 minutos. Le veo sudar por la
frente y le vuelvo a poner la mano en la frente. El sudor está frío como el hielo.
-Esto va fatal, me siento realmente mal. -Me dice entre susurros. Los
demás clientes ya se están fijando en nosotros porque a pesar de la discreción se nota
que pasa algo en nuestra mesa.
-¿Quieres echarte un poco? -Le sugiero, creo que es lo mejor que puede
hacer.
-Sí, me tengo echar, estoy muy mareado. -Nuestra tienda-techo todavía
no estaba levantada así que se incorpora y se dirige al encargado del local.
-Necesito una cama, me siento muy mal. -Le dice en inglés al chico que
se encargaba del restaurante. El muchacho le ve con la cara demacrada y al instante le
hace señas de que le siga.
-"No problem, come in." -Le dice mientras se adelanta y le
abre la puerta del patio del mini hotelito.
El resto lo guardo en la memoria como un mal sueño, como una
pesadilla. Vicente no llegó ni a la puerta. Se desplomó como un fardo en mitad del
restaurante y se quedo inerte en el suelo. De los e-mails que recibimos, muchas veces se
nos pregunta por el momento que más miedo pasamos. Sin lugar a dudas, este ha sido el
momento que más miedo pasé. No importa que cruzásemos zonas de bandidos, huyésemos de
controles corruptos, nos zarandeásemos con un policía sinvergüenza, quedásemos
atrapados en la arena con 50ºC de temperatura, que apareciesen escorpiones a nuestros
pies, ... El ver a Vicente desplomarse delante de mi, golpeando el duro y frío suelo de
ese local es algo que no puedo describir con palabras. El corazón se me encogió de tal
modo que no sé ni como siguió palpitando. Es una imagen fotográfica que no creo que
nunca se me pueda borrar: Vicente sin sentido en el suelo ... en un lugar que casi se
puede calificar como el fin del mundo.
Rápidamente los clientes del restaurante me ayudan a incorporarle para
sacarle al exterior y que el aire puro y fresco del lugar haga su efecto. Efectivamente,
recobra rápidamente el sentido pero... no siente los brazos y las manos están
atrofiadas, retorcidas hacia dentro del cuerpo como si hubiese sufrido una trombosis. Casi
no puede articular palabras, no entiendo lo que susurra. No sé si es mejor que esté sin
sentido a verle en ese estado tan angustioso. Fue el momento más terrorífico del viaje,
por encima de cualquiera de las situaciones vividas hasta ahora. Los locales me insisten
en que le lleve al hospital, pero sinceramente, no sé si el remedio es peor que la
enfermedad. Afortunadamente, la capacidad de recuperación de Vicente es milagrosa y poco
a poco el aire puro le ayuda a recobrar la sensibilidad de los brazos, empieza a articular
las manos y va recuperando el habla, aunque no recuperó la "erre" española
hasta una hora después. ¡Y encima bromeaba con ello! "He perdido la ere", me
decía, y se ponía a decir palabras que tuviesen la "erre" fuerte. "No me
sale" y se reía. Por lo menos comprobé que su cabeza seguía bien, era el mismo de
siempre. Casi se me saltan las lágrimas de alegría, hasta que no empezó a bromear no
sabía como había "quedado". Se incorpora por si sólo y comienza a andar
despacito, apoyándose en mi. Me dice que le duele todo, que se siente terriblemente
agotado. Decidimos irnos a descansar y el día siguiente lo dedicamos a
estar relajados y
a pasear.
La conclusión más aceptable a la que llegamos sobre este espeluznante
incidente es que probablemente fue debido a la enorme tensión acumulada durante los
últimos meses. Asia Central nos dejó exhaustos, ni un minuto de descanso, la duración
de los visados no nos lo permitían. Quisimos descansar en Hunza pero el frío "nos
echó" de allí y así llegamos a Skardu. Fueron las imprevisibles aduanas, las
noches en el inseguro desierto del Karakum, los funcionarios corruptos, tanto tiempo
esquivando a la policía, luchando con ellos en cada control, conducir esquivando la
locura del tráfico de esos países, torear los abusos de autoridad, no perder nunca la
paciencia ni la compostura, tragarse la bilis de lo que veíamos en algunas ocasiones, ...
Vicente se llevó la peor parte de este tramo. Era él el que "trataba" con
aduaneros y policías y llevaba todo el asunto de los visados, haciendo malabarismos con
la corrupción y las fechas para no quedarnos tirados en alguna frontera perdida. Todo se
acumula, todo pasa factura a la larga y todo ello debió provocar en Vicente el
"K.O" por agotamiento. Por fortuna, los días por esta purificante e
impresionante zona del mundo le permiten recuperarse sin que volviera a repetirse un
capítulo tan alarmante como el que acabábamos de vivir y por el momento ... la visita al
hospital quedaba pospuesta.
De hecho, la calma por fin ha llegado a nuestra ruta, y salvo el frío
que nos acecha sin descanso, podemos adaptar nuestro tiempo a las circunstancias más
adecuadas que nos proporcione un ritmo coherente, sin la tiranía de aspectos tan
estrictos y determinantes como los impuestos por el Asia Central.
LAS HUELLAS DE LA RUTA DE LA SEDA
Pero Skardu no fue tan solo el "valle del susto", sus
alrededores son espectaculares, y no sólo por su bella naturaleza. Una angosta pista nos
conduce al lago Satpara, muy cerca hay una roca que dice mucho sobre la historia del
lugar. Un magnífico y fino trabajo de imágenes gravadas en una gran piedra. El Buda de
Satpara, de 6 m de alto, representa la aptitud de meditación del Dhyana Mudra, escoltado
por dos budas de pie de Maitreya (el buda de los tiempos futuros). Probablemente serían
muchas otras las rocas que podrían mostrarnos reliquias tan valiosas como ante la que se
encuentra ante nosotros. Pero el tiempo y los violentos cambios que la agresiva actividad
de estas montañas los han hecho desaparecer o simplemente los mantiene ocultos, hasta que
nuevo un cataclismo los saque a la luz.
Pero el emplazamiento donde estos increíbles grabados rupestres
alcanzan su máxima expresión se sitúan de nuevo en el tronco principal de la Karakorum
cuando, tras abandonar el valle de Skardu, nos reunimos de nuevo con la intrépida
carretera himalaya.
Más al sur, a las afueras de Chilas, estacionamos nuestro Montero junto al control de
policía. Ya no hay nada que temer de los policías como en los meses pasados, ahora es
todo lo contrario, la seguridad que nos proporciona nos permite relajarnos. Durante poco
más de un kilómetro y medio avanzamos hacia el río a través de un campo de piedras y
rocas. Y allí están, como lo han estado desde que las primeras caravanas comerciales
comenzaron a recorrer las orillas del Indo y los viajeros se iniciasen en el arte de
grabar en sus paredes la historia del lugar. En el curso de los siglos, transeúntes de
todos los lugares, fueron labrando aquí sus memorias, sus alegrías, sus ansiedades ...
Este desolado lugar, arteria vital de cultura y comercio se convirtió en una galería de
arte al aire libre, un libro de historia impreso en roca, ilustrado por hombres que hace
siglos decidieron dejar "su historia" cincelada en la roca. Discos solares,
caballos, ibex, elefantes, perros... un sin fin de petroglifos que van inundando las
paredes de la gran roca. Jinetes con estandartes, peregrinos, comerciantes avanzando con
sus caravanas o realizando ofrendas antes estupas budistas para invocar a los cielos
protección durante su paso por el inhóspito y peligroso camino que debían recorrer. Mil
años de historia escritos en unas rocas con sólidas raíces.
ISLAMABAD, AÑO CERO
Tampoco podemos alcanzar el altiplano de Deosai (al sur de Skardu), una
gigantesca llanura a 4.000 metros de altura, ... el invierno ha establecido su imperio y
el resto de los valles están bloqueados por las nieves hasta la próxima primavera,
cuando el deshielo les devuelva la libertad. Quizás podamos alcanzarlo...¿la próxima
vez? ¿quizás nunca? Quién sabe. No nos queda otra opción que aceptar la realidad que
nos rodea ya que las nieves y el frío extremo con temperaturas bajo cero se han
convertido en nuestros compañeros durante las noches himalayas. Debemos continuar hasta
la capital, Islamabab. Y además ... la Navidad está a la vuelta de la esquina. ¡Una
Navidad con Ramadán!
Es en esta ciudad donde notamos realmente el mes de sacrificio
musulmán. Este año, el Ramadán comenzó el día 10 de diciembre y no acabará hasta el
8 de enero. Cada año la fecha se traslada, ya que se rige por el calendario musulmán
(siguiendo el ciclo lunar) y es más corto que el gregoriano, el que usamos nosotros.
Durante este mes, sagrado para los musulmanes, se ayuna (sin comer ni beber nada) desde el
amanecer hasta la puesta de sol. Cuando coincide con el verano es un auténtico martirio
para la población de las áreas tórridas del planeta donde se sigue. Fuimos testigo de
ello en el sur de Argelia. Islamabad es la ciudad más moderna y progresista pero también
se sigue a rajatabla el mes de ayuno. Éramos cautos, discretos y respetuoso a la hora de
comer durante el día.
Estaremos cerca de mes y medio en Islamabad, tenemos infinidad de
trabajo: minutar el vídeo, organizar las fotos digitales, preparar los informes y
documentación de Asia Central y el norte de Pakistán, envío de material a España, la
grabadora HP iba a estar trabajando duro porque teníamos que salvaguardar en CD ROMs todo
el nuevo material que está en el disco duro de nuestro ordenador, contestar gran parte de
la correspondencia de los que nos escribís, redactar y transmitir esta crónica, etc.
¡No, no nos íbamos a aburrir! Y también teníamos que reponernos, hemos llegado muy,
pero que muy cansados a la capital de Pakistán.
Nos acercamos a la embajada de España para saludar y para
inscribirnos. La propia embajadora de España nos recibió en persona y estuvimos
charlando un largo rato. Resultó que su anterior destino fue Etiopía ... cuando nosotros
estábamos realizando la expedición "Ruta Reina de Saba" pero no nos conocimos
en aquella ocasión porque ella estaba de viaje en el momento de nuestro paso por la
embajada. Por lo visto estaba escrito que nos teníamos que conocer y el destino nos ha
arreglado una nueva cita en la otra punta del mundo. Vamos de sorpresa en sorpresa,
conocemos al Consejero de la Embajada y estaba destinado en Libia cuando nosotros
estábamos en ese país realizando la "Ruta de las Civilizaciones del Desierto
Olvidado" pero ... también estaba de viaje cuando pasamos por la embajada. Y ahora,
nos encontramos todos en Islamabad. Lo dicho, algunas páginas del destino las escribimos
nosotros y otras "nos las escriben". Fue casi una reunión de antiguos amigos
que debieron conocerse hace tiempo.
Las Navidades no pudieron presentarse mejor, nos veíamos comiendo a
escondidas y tomando té en el camping de Islamabad y al final pasamos la Nochebuena en la
residencia de la embajadora.
También conocimos a Víctor, agregado comercial de la embajada,
anfitrión de nuestra primera "comida española" en Pakistán, excelente
persona, compañero de risas y un gran amigo al cabo de dos semanas. El paso al año 2.000
fue en su casa, en compañía de su hermana Cristina y de su novia Reyes, que habían
venido desde España para visitarle. Buena comida, ¡turrón!, pasteles, chocolate, y
también mucho vino blanco, tinto y cava. ¿Y las uvas? Consiguieron "pasas
sultanas" ya que en esta zona del mundo las uvas estaban "out season", como
decían los tenderos, mirando con esos ojos de "estos extranjeros están locos,
¿para qué querrán uvas ahora?". Pero no era plan de explicárselo. Al final ni
notamos el Ramadán, no nos faltó de nada. Pero la cosa no se para ahí, nuestro paso al
2.000 fue en directo para México ¡Increíble!. Una cadena de radio mexicana eligió a
Víctor para que narrase en directo desde Pakistán el paso a este nuevo año
"cero" de la humanidad así que nos tomamos las 12 "pasas sultanas" a
grito pelado y en directo para México. Luego, Víctor narró el ambiente de Pakistán en
este cambio histórico en el calendario.
Durante todo este tiempo hemos podido compartir costumbres, tradiciones
y celebraciones de muy diversos pueblos. Es un nuevo año cero, un comienzo de año muy
significativo que podría preconizar un mundo donde la religión, el color de la piel o
las costumbres no sean un obstáculo que nos separen sino todo lo contrario, un motivo
más para aumentar el respeto a otras culturas, para enriquecer nuestras vidas y
conocernos y aceptarnos tal y como somos. Feliz año 2.000.

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¡PASO DE
KHUNJERAB, 4.732 metros de altura! Hemos llegado al Himalaya y nos encontramos en el paso
fronterizo público más alto del mundo. Ahora sí que podemos cantar victoria de haber
logrado la meta más complicada de la primera etapa de la Ruta de los Imperios: ser los
primeros españoles que conseguimos ir de Turquía al Himalaya a través del Cáucaso
(Georgia-Armenia), Irán, Asia Central (Turkmenistán-Uzbekistán-Kazajastán-Kirguistán)
y China. Las banderas de China y Pakistán se hallan sobre la barrera que separa estos dos
países ... nuestro Mitsubishi Montero está en China y nosotros ... en Pakistán. Es un
momento único y como en todos los lugares más emblemáticos de le Ruta de los Imperios,
homenajeamos a nuestra ciudad y desplegamos los colores de Ceuta.

Ruta por el
Himalaya pakistaní.

Acampada en
Passu. La majestuosidad de los afilados y altos picos del Hindu Kush se une a los colores
del otoño, la estación que viste de gala al Himalaya.

El Himalaya es
como un inmenso castillo de naipes a punto de desmoronarse ... ¿a punto he dicho?,
corrijo, que no para de desmoronarse. Avanzar por la Carretera Karakorum es una continua
carrera de obstáculos y como diría Astérix "tan solo nos asusta que el cielo se
caiga sobre nuestras cabezas". (Ruta por el Karakorum en link)

Ruta hacia el
lago Borit (cerca de Passu). A veces, la pista requiere reparaciones que tienen que ser
realizadas por los propios "interesados".

Muchos tramos
son "inquietantes" de cruzar. Cuando no se puede cavar en la montaña para crear
un camino ... los lugareños levantan la pista amontonando piedras. Todo se mueve y cruje
cuando pasamos sobre ellas y ... mejor no mirar abajo.

Cuando uno se
encuentra ante visiones así tiene que frotarse los ojos para estar seguro de que lo que
tiene delante es real. En el corazón del Himalaya ... vamos hallando las huellas de
remotos reinos en valles paradisíacos. El fuerte de Baltit en el valle de Hunza es el
más bello ejemplo de estos centinelas legendarios. (Más fotos de "Shangi-La"
en link)

El valle de
Hunza alberga su propio museo, un museo que bajo el cielo y las estrellas muestra
pasiones, miedos, alegrías o las escenas de las vidas de miles de hombres que hace siglos
decidieron dejar "su historia" cincelada en la roca. Algunos de esos libros de
piedra están cerca del camino, otros en lugares más recónditos pero todos los que
hallamos los posicionamos con el GPS.

Valle de Nagar.
Pero ... pero ... ¿hay que cruzar "eso" a pie? (Más fotos en link)

A nuestros
pies, el río Indo ha hendido la roca de la cordillera Himalaya para abrirse paso. Pero
... pero ... ¿Qué es eso de ahí abajo? ¿Hay que cruzar ese puente colgante con nuestro
todo terreno para ir al otro lado? (Más fotos en link).

Las mujeres del
valle de Hunza siguen vistiendo como lo hicieron sus madres, sus abuelas... con el gorro
hunzaki bordado por ellas mismas y que combinan con pañuelos de fuertes y chillones
colores, amarillo, morado, rojo. (Más fotos en link).

Hombre del
valle de Skardu. Es costumbre que los hombres lleven gorro y hay más de 100 gorros
tradicionales, en la foto tenemos el gorro "chitrali", el más popular en la
zona del Himalaya. También tienen por costumbre usar la "genna" (henna) para el
cabello y a los más ancianos ... las canas se les tornan pelirrojas. (Más fotos en Link)

La ruta hacia
el valle de Skardu sigue el curso del río Indo y el camino "labrado" en la roca
por los humanos es un peligroso trayecto que se mueve por las entrañas de las inestables
montañas ... y nos tiene casi levitando sobre el vacío. (Detalle en link)

Pero por
remotos y escondidos que estén los valles pakistanís ... siempre está latente la
presencia de la Ruta de la Seda y las peregrinaciones budistas. En la foto tenemos una
gigantesca roca con bajorrelieves budistas al lado del lago Satpara, valle de Skardu. Los
budistas arribaron a esta zona del Baltistán (conocido como el "pequeño
Tíbet") en el s.III d.C. hasta que llegó a formar parte durante los siglos VIII y
IX del Imperio Tibetano (Detalle en link).

Pero ... ¿qué
es esto? ¿Un árbol de Navidad? No, esto es un ... (Más fotos en link).

Ahora toca
seguir el curso del Indo a pie. La zona de Chilas es otro de los "libros" de
historia impresos en roca. A medida que avanzamos vamos descubriendo petroglifos
centenarios hechos por los comerciantes de la Ruta de la Seda o ... por viajeros mucho
más atrás en el tiempo. En gran piedra de la foto podemos ver escenas de caza y de
pastoreo. (Más fotos en link).

Cada roca es un
nuevo capítulo de la historia de los Reinos Perdidos del Himalaya. Caravana desfilando
ante una estupa rodeada de plegarias. (Más "páginas" en link).
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