-¡Diez grados bajo cero! ¡Y ya son las 9 de la mañana! -Me exclama
Vicente cuando gira la llave de contacto para chequear la temperatura exterior que marca
el termómetro del Montero.
-¿Pero hasta donde ha bajado el termómetro durante la noche? -Le digo, mientras me froto
las manos con todas mis fuerzas. Los guantes que llevo me sirven para bien poco con estas
temperaturas.
-No quiero ni pensarlo, ¿te acuerdas de las temperaturas de Libia, 50 y 55ºC? -Me
contesta mientras se ríe porque ahora estamos en la otra punta del termómetro y tiemblo
como una hoja mientras me muevo por impulsos nerviosos. Me contagia la risa , al menos
entro un poco más en calor. Le empujo cariñosamente para que no se ría de mí.
A pesar del tremendo frío estamos alegres. ¡Menuda suerte hemos tenido! Sha ha sido
realmente nuestro "Ángel de la Guarda". Ayer nos la jugamos al decidir
acercarnos lo más posible a la frontera, nos asustaba más la posibilidad de un
imprevisto que nos impidiese llegar a tiempo a China que el hecho del frío en sí mismo.
Esperábamos frío pero la sorpresa fue que tras el control ruso la vida desapareció y el
viento siberiano se adueñó de las montañas. No podíamos ni salir del coche. Llegamos a
estar seriamente preocupados cuando el sol se escondió y estábamos totalmente solos en
este polo norte centoasiático. Tenemos equipo de invierno pero no para dormir con estas
temperaturas a la intemperie, ya estábamos pensando hasta meternos en los sacos de dormir
vestidos con los tres pantalones de invierno, jersey de lana, el polartec y los anorak
puestos. No sería la primera vez y por eso no nos hacía gracia, casi no se descansa en
esas condiciones y al día siguiente teníamos el día "D", la entrada a China.
Pero ... apareció Sha en ese pequeño grupo de hangares medio derruidos y ... ¡tenía un
hogar ahí dentro! Fue un regalo del cielo.
Terminamos de ordenar nuestras cosas en el todo terreno y nos volvemos a meter en el
edificio, sentándonos en la alfombra junto al fuego. Sha ha preparado té y ha calentado
el pan, con nuestra margarina y mermelada tomamos un desayuno más que aceptable. Ofrece
vodka pero le explicamos lo de nuestra "úlcera".
Nos despedimos de Sha con un fuerte abrazo y le damos las gracias por todo. Desde la
puerta de la caseta hasta nuestro vehículo casi se nos vuelven a congelar las manos con
el viento. El termómetro señala ahora 6ºC bajo cero, esto va "mejorando".
Por el camino ... soledad y frío, de fondo... las montañas Tian Shan
lucen su traje de novia. El altímetro ya señala 3.752 m. de altura, hemos llegado a lo
más alto del paso, se inicia el descenso. La homogeneidad del entorno se rompe cuando
aparecen los edificios y hangares de esta gélida e inhóspita aduana. Avanzamos hasta la
barrera, un soldado la abre y nos indica que debemos detener el vehículo delante del
edificio principal. Nada más aparecer y aparcar el coche, varios funcionarios se
abalanzan hacia nosotros raudos y veloces, nos tememos lo peor.
Son cinco personas mirando, tocando y preguntando en ruso de todo, son
insaciables. Vicente por un lado y yo por otro, intentamos controlar con la vista tanto
movimiento de manos. Afortunadamente, es más curiosidad que saqueo. No obstante, la
sonrisa y las bromas son nuestras armas, con lo cual mitiga y camufla nuestra tensión y
nervios,,, y parece que funciona. Nos quieren hacer desplegar la tienda del techo para ver
que es "eso" pero cuando les enseño una foto de la tienda abierta sobre el
coche y les digo "Spanish yurta" les da un ataque de risa, se pasan la foto de
unos a otros repitiendo la frase "Spanish yurta" y dicen que no hace falta. No
obstante, hay un oficial especialmente serio, que lo controla todo a distancia. Uniforme
verde impecable, botas impolutas, correaje brillante, gorro de piel tipo "ruso"
con las orejeras levantadas y guantes de cuero negro. El oficial en cuestión es muy joven
y parece que ostenta la tarea de que nadie se extralimite en sus funciones, porque todos
dirigen la mirada hacia él cuando algo "está más de la cuenta" en sus manos.
Quizás estén poniendo "supervisores" de nuevas generaciones para que a los
funcionarios se les pasen las viejas y avariciosas costumbres. O quizás ... tenemos
suerte y le caemos bien. Todas estas aduanas son un misterio.
En el desfile de taquillas realizamos las declaraciones de moneda y equipaje, pero nunca
llegamos a entender para qué sirven. En primer lugar porque ya nos marchamos del país y
en segundo lugar porque tras rellenar los impresos nadie nos lo pide posteriormente...
pero la burocracia es "sagrada" y hay que hacerlo así. Nos vamos con la mitad
de los impresos en la mano.
El momento más tenso se produce cuando nos piden la confirmación de
que una agencia china nos está esperando al otro lado de la frontera. Sin ese documento o
fax no dejan pasar a nadie y nosotros tan solo tenemos la confirmación por e-mail de
Jesús de Catai Tours pero nada de la agencia china. Pero ... ¡estamos preparados para
todo! Empezamos a mostrarles un montón de papeles como la carta de presentación de Catai
Tours, de Mitsubishi, fotocopias de permisos, sonrisas, la ruta por China, caras de no
entender, Carnet de Passage, mi carnet de profesora de Geografía e Historia, ...
aturullándoles con tantos papeles como se nos ocurre sacar. Ninguno era el que ellos
pedían, pero como no entienden nada de lo que pone escrito pero ven muchos sellos y
membretes, cogen uno al azar, lo fotocopian y lo dan por bueno.
Cuando por fin la barrera se eleva ante nosotros y el soldado kirguis
esboza una sonrisa, mientras nos dice adiós, me da la impresión que todo transcurre a
cámara lenta, al menos así ha quedado grabado en mi memoria. Vamos a cambiar
drásticamente de cultura y las imágenes de lo recientemente vivido fluyen en mi mente.
Hemos conseguido vencer la desagradable lista de factores que nos mantuvieron en vilo
desde que entramos en el Cáucaso y que han sido como espectros planeando sobre nuestras
cabezas y ... nuestra ruta. El viento silba alrededor por todos lados, nuestra montura
sigue avanzando lentamente. Vicente le devuelve el saludo moviendo la mano muy
pausadamente. Pero esta ruta no ha sido tan solo una superación de obstáculos sino que
hemos vivido experiencias y visto lugares que se habían mantenido aislados y desconocidos
durante mucho tiempo ... demasiado tiempo. Todo ello ocupará un lugar privilegiado en
nuestra memoria y en nuestro espíritu, para siempre. Noto que nuestra montura se detiene.
Han pasado cinco kilómetros. Ha pasado una eternidad. Hemos llegado a un gran arco con
caracteres orientales. Hemos llegado a China.
-¿Qué no podemos entrar en China? ¿Cómo es eso? ¿Qué ha pasado? -Oigo preguntar a
Vicente por teléfono.
-Han caído unas terribles lluvias postmonzónicas en el Himalaya y muchos tramos de la
carretera Karakorum se han desmoronado como un castillo de naipes. -Le contestan desde el
otro lado de la línea. Era Jesús, que desde Madrid, hablaba con él.
-¿Y entonces? -Le pregunta Vicente, sin dar crédito a lo que oía.
-Pues que no podéis llegar a China por tierra, nos han informado que tardarán como un
mes en volver a abrir la Karakorum. -Prosigue Jesús. Vicente no sabe que decir, es
consciente de que esa información es rigurosamente exacta, Catai tiene agencias
colaboradoras en todo el mundo y se entera de todo al momento.
-¿Y los permisos? -Le cuestiona Vicente, aunque tanto él como yo sabíamos la respuesta.
-Se han perdido, si no se llega en el día exacto se pierde la entrada. Lo siento, de
verdad. El Himalaya es así. -Le dice Jesús.
Delante de nosotros, la bandera roja con sus cinco estrellas amarillas tiene en estos
momentos un significado especial. Verla ondear no significa tan solo haber logrado superar
Asia Central y llegar a la meta de uno de los objetivos más duros de la RUTA DE LOS
IMPERIOS, se trata también de una "cuenta pendiente" con el destino, algo que
se remonta mucho más atrás en el tiempo, a la "Ruta de Alejandro Magno". El 6
de octubre de 1.992 Vicente tuvo la conversación telefónica que acabamos de relatar.
Estábamos en la ciudad pakistaní de Dera Ghazy Khan -a las orillas del río Indo- y, al
igual que hacíamos cada tres semanas, llamó a Jesús para asegurarse que todo iba bien.
Pero esta vez ... algo fue mal y las lluvias en el Himalaya nos cortaron las alas a China.
Hoy, en los albores del año 2.000, todo es distinto. ¡China está delante de nosotros!
Es un gran momento.
No hay nadie esperándonos, nos entra la duda -¿vendrán los de la agencia china,
verdad?- pero estamos tranquilos. Sin visado kirguis (acaban de sellarnos la salida) ya no
podemos volver hacia atrás, tenemos cortada la retirada y por una vez eso nos alienta.
Aunque no nos admitiesen la entrada a China por algún tipo de trámite administrativo
incomprensible o ..., pase lo que pase sólo nos podían "echar" hacia delante,
hacia Kashgar y el Himalaya, el último objetivo de esta etapa centroasiática.
Nos han retirado los pasaportes y nos dicen que harán los papeles cuando llegue el guía.
Una hora y media y nada. Los aduaneros regresan y registran el coche. Apertura de cajas,
miradas por aquí y por allá pero lo único que les inquieta son los mapas y libros que
llevamos sobre Irán y unos periódicos viejos y caducos que aun arrastramos con nosotros
desde que nos los dio Michel en nuestra cita en Estambul. Terminan el chequeo y vuelve a
desaparecer todo el mundo. Tenemos un hambre tremenda, nos comemos allí mismo dos latas
de mejillones en escabeche de nuestras provisiones de "uso inmediato, abrir en caso
de emergencia". Desde luego, no nos rendirá el hambre ni la sed, siempre estamos
preparados para lo peor. Pero esta vez no aparecerá "lo peor". Dos horas
después por fin aparece un todo terreno, de él se baja nuestro guía Dunkel. Nos saluda
efusivamente y nos da la bienvenida a China a la vez que nos pide disculpas por el
retraso, han sufrido dos pinchazos seguidos por el camino y tuvieron hasta que hacer
autostop para ir a reparar la rueda de repuesto tras el segundo pinchazo. Lo tiene todo
controlado, todo está en orden, tramita eficientemente los papeles y seguimos el camino.
La pista transcurre por un paisaje montañoso, árido, desolado. Seguimos el cañón
hendido por el curso de un río estacional, que en ocasiones se abre en una gran ensenada
tan parda y yerma como todo su entorno. En esta provincia china confluyen cordilleras tan
impresionante como las de Pamir, Tian Shan y Kunlun y en la depresión que se origina ante
ellas, billones (con "B") de metros cúbicos de agua se encauzan hacia la
llanura pero casi todos ellos ... desaparecen en "la nada", se evaporan cuando
llegan al sobrecogedor desierto de Taklamakan (que en uygur significa "el que entra
no sale" o como diríamos los españoles: el "país de irás y no
volverás"). Realmente una auténtica lección de geografía pura y dura se
desarrolla ante nosotros. Pero aparece el hombre, comienza a crear rutas comerciales y
necesitan un punto de apoyo. Surgen oasis como el de Kashgar, una encrucijada caravanera
en una despiadada región que se convierte durante 2.000 años en el salvavidas de la Ruta
de la Seda. Ese es nuestro primer destino.
Pequeñas poblaciones aparecen por el camino cercanas al lecho del río, casi todos son
kirguis asentados a este otro lado de la frontera, sus cónicos gorros blancos le delatan.
La pista es polvorienta, con gravilla y constantes pequeños puentes que nos permiten
sobrepasar un río ahora ausente. Aviso a Vicente de la presencia de dromedarios pero ...
no son dromedarios. Al ponerse de perfil los distingo claramente: ¡son camellos
bactrianos!, ¡los primeros que vemos en libertad! Sus dos jorobas y su largo pelo, como
un abrigo de pieles, son inconfundibles. También sus andares son diferentes a los de sus
"primos" los dromedarios, los vemos más elegantes y dignos en sus movimientos.
Dunkel nos apremia para que no nos entretengamos más, aun queda otro puesto aduanero a 60
km y la horas de luz no son eternas. Por fin llegamos. Nuestro guía es un joven uygur (la
etnia que predomina en esta provincia de China) de 24 años, muy atento, con un inglés
muy británico y muy eficiente. Con las historias que nos han contado sobre guías en
china creemos que tenemos uno de los mejores. Soluciona todo el tema de los papeles con
rapidez. Tenemos una carpeta repleta a rebosar de mapas de Irán, la zona del Cáucaso y
Turquía y quieren revisar la cartografía por si se trata de cartografía no autorizada
de China. No hay problema, que lo revisen.
Todo marcha como la seda, pero son muy fríos y distantes. Cuando terminamos nos dicen que
nos podemos ir, pero ... ¿donde están nuestros mapas y libros? ¡Ah!, nos comunican que
los retienen porque están en árabe y en inglés y no los entienden, que buscarán a
alguien para que los analice y nos los mandarán a Kashgar en unos días. ¡Ni hablar!, le
digo a Dunkel para que se lo traduzca. ¡De aquí no nos movemos sin los mapas! Como los
soltemos seguro que se "pierden" en la burocracia y no los volvemos a ver. No
son mapas normales, muchos de ellos han sido adquiridos en lugares inverosímiles y
además los hemos completado con un montón de anotaciones y puntos GPS. Me repiten que
los enviarán más adelante y nosotros le repetimos que no nos movemos sin los mapas. Que
no son mapas de China y que lo puedo demostrar. Vicente exige ver al jefe del puesto y
nuestra postura deja claro que no nos moveremos de ahí por las "buenas". El
pobre Dunkel está nervioso, la policía y el ejército son los "amos" de China,
no hay que hacer nada que les disguste pero por otro lado estamos nosotros, sus
"clientes". Para no dejarle en una postura incómoda siempre somos
extremadamente correctos con los gestos y palabras pero dejamos ver bien claro que de ahí
no nos movemos sin ver al jefe del puesto. Está cenando, decidimos esperar. Las noche ya
se ha apoderado de estas montañas.
Vuelve el jefe de aduana. Nos repite de nuevo la historia de que como no entienden los
mapas los van a retener. Le explicamos que los podemos revisar juntos y nosotros le vamos
exponiendo en detalle toda la cartografía. Le dejamos ver que si es necesario dormimos en
la misma aduana. Al final acepta. Uno a uno le vamos especificando de donde es cada mapa y
cada callejero. Con un atlas en chino le vamos equiparando las zonas por similitud de
geografía y de carreteras. Cuando lo ve claro, suelta el mapa y nosotros lo guardamos en
la carpeta. Uno a uno van pasando todos los mapas. Mapas detallados de la provincia de
Kerman, de la de Yazd, los montes Elburz en el mar Caspio, el Cáucaso, todo Irán,
Turquía, ...,callejeros de Isfahan, Teherán, Mashad, ... los libros sobre Irán,... con
paciencia y con Dunkel como traductor vamos avanzando y recuperando el material. Tardamos
una hora pero todo está en orden. Cuando ya todo parece resuelto nos coge el mapa de
Turquía y nos dice que "souvenir" para él. ¿Pero para qué quiere un mapa de
Turquía un aduanero de la frontera chino-kirgui? ¿Si Turquía no tiene ni siquiera
frontera con ninguno de los vecinos de China?
Otra batalla, Vicente trata de recuperar el mapa de Turquía. Le da mil y una razones para
que lo devuelva: material de trabajo, anotaciones, que pertenece a la universidad, que es
una decisión arbitraria ajena a la aduana, le pide un recibo por la retención del mapa,
que formulará una queja a la embajada, le toma el número de placa, ...¡No hay manera!
¡Al jefe de aduana le da lo mismo todo! Vicente no se rinde. El funcionario se levanta y
se planta, le dice que se queda con el mapa y que si continua insistiendo en lo contrario,
... nos retira también los otros. Su mirada es de que no bromea. Como cumpla su chantaje
... nos hace un daño irreparable. Nos rendimos, el gana. Es la primera vez que un alto
oficial nos "roba" algo, suelen tener más dignidad. Los corruptos a nivel de
"hurtos" suelen ser pequeños funcionarios, con poder sobre el ciudadano de a
pie pero a un nivel muy bajo en la jerarquía, pero el jefe de la aduana chino-kirgui,
placa B65 3356, resultó ser un chorizo.
ENCRUCIJADA DE MERCADERES Y CULTURAS
Pero ahora tenemos que comenzar a centrar nuestros cinco sentidos en todo lo que vivamos
en este nuevo país. Dunkel ya entregó a Vicente el carnet de conducir chino, el permiso
de circulación para el Montero y las matrículas chinas ya están instaladas en el todo
terreno. Estamos listos, miramos el cielo que cubre la provincia de Xinjiang, mil y un
brillos nos saludan ... que hermoso firmamento, las estrellas sí que nos dan la
bienvenida. Nuestra montura pasa lentamente la última barrera, partimos hacia la
antiquísima ciudad de Kashgar.
Aunque las grandes cadenas montañosas que le rodean y el desierto de
Taklamakán siempre han dificultado su acceso, no han impedido que después de más de dos
milenios Kashgar continúe siendo un mercado de primera importancia en toda Asia Central y
del Oeste. Y eso que en 1962 los chinos cerraron la entrada desde Kirguistán y la entrada
por Pakistán no existió realmente hasta que se inauguró la más prodigiosa obra de
ingeniería de carretera del mundo: la carretera de la Karakorum, inaugurada en 1982 pero
no abierta al tráfico libre hasta 1.986. ¡Estamos hablando de "ayer"!
Amanece en Kashgar, la encrucijada caravanera de Asia Central. Da lo mismo que se llegue a
lomos de un camello bactriano, cabalgando un caballo mongol o a bordo de las modernas
monturas que nos ofrece la antesala del siglo XXI ... Kashgar es un sueño, otro lugar
donde el tiempo parece haberse detenido.
Es domingo, el día de gala de su histórico mercado. Llegamos a las afueras intentando no
darnos un golpe contra los incontables carros, sidecar-taxi, motocicletas o gente guiando
animales sueltos. Todos gritan a pleno pulmón "boish, boish", que viene a decir
"allá voy" pero lo que quieren realmente decir es "yo no paro, tu sabrás
lo que haces". Aparcamos el coche, seguimos a pie y entramos en el mercado. La gente
que nos rodea ya nos hace sentir el hechizo de esa pócima que se llama
"Kashgar".
Navegamos en un río humano, nos dejamos llevar por la corriente. De la gran avenida a un
callejón, del callejón a una calle más ancha, luego a la derecha, este rafting
terrestre nos conduce a una gran plaza abierta, hemos llegado a la gran
"catarata", al mercado de animales. Nos dejamos atrapar por sus remolinos. Nada
ha cambiado en siglos, todo se compra y se vende. Los elegantes camellos están en un
rincón, en otro los exóticos yaks con sus crías, aparecen los caballos, nos encontramos
con rebaños de cabras kashemir impecables, como listas para que les pasen revista,...los
ojos van locos de un lado para otro. Todo es embriagador, no sabemos donde fijar la vista
pero pronto comprendo que también hay que mirar hacia abajo, noto algo grande y blando
bajo mi pie ... no tengo que volver a olvidarme que estamos en un mercado de animales.
En el mismo recinto al aire libre los restaurantes cocinan ahí mismo, tras cortar trozos
de carne de las piezas que tienen colgadas de un gancho.
Seguimos hacia el mercado cubierto: telas de mil colores y texturas, gorros que hablan por
sí solos de los diferentes rincones y grupos a los que identifican, abrigos de todo tipo,
alfombras y kilims de toda Asia, instrumentos musicales, ... es infinito. Pero lo mejor es
su gente, hemos bebido una poción mágica que nos ha trasladado muchos siglos hacia
atrás. La variedad es inagotable en cuanto a sus etnias, sus vestimentas, sus colores y
tradiciones. Rostros que nos revelan un pasado muy lejano. Ojos rasgados de todo tipo,
cabelleras negras, barbilampiños y ancianos de pobladas y blancas barbas, oscuros y
variados gorros, abrigos largos, botas enfundadas sobre anchos pantalones, ... no pudo ser
muy diferente cuando Marco Polo, su padre Nicolo y su tío Mafeo recorrieron los mercados
de la Ruta de la Seda en el s.XIII.
Los días que seguimos recorriendo los bazares locales, los barrios y
las callejuelas de la ciudad nos tenían el espíritu cautivo. Estamos fascinados por las
mil y una caras con las que nos cruzamos pero el pasado arquitectónico tampoco se queda a
la zaga. La mezquita amarilla de Id Kah (s.XV) en la Plaza del Reloj es una de las más
grandes de China, puede congregar a unas 8.000 personas en su patio y 20.000 en sus
alrededores; más retirado del centro se halla el Mausoleo de Abakh Hoja (s.XVI), sus
muros recubiertos de azulejos albergan más de 70 ataúdes de miembros de la dinastía de
esta princesa; no olvidemos la tumba del santo musulmán Yusup Hazi Hajip (s.XI) con su
domo añil, que intenta competir en belleza con el cielo; la mastaba de Ali Arslan Khan,
... continuamos inmersos en la Ruta de la Seda.
Seguimos por el casco antiguo. Edificios con balcones de madera pintados de colores. Nos
saludan unos vendedores de nan (tortas de pan redondas y aplastadas). Unos ancianos venden
libros religiosos y una especie de rosarios de cuentas que enredan entre sus dedos
mientras rezan. Todos los secretos de Kashgar van desfilando ante nosotros de la mano de
Dunkel, se le nota que quiere a su tierra. Dunkel no es chino, es uygur. Los uygurs son la
etnia mayoritaria de esta región de China, Xinjiang, que con mayor o menos libertad
siempre ha sido una región autónoma, en parte motivada por su aislada y retirada
ubicación, aunque las represiones chinas sobre sus lideres han sido constantes. Los
escitas, un pueblo nómada indoeuropeo, del sur de Siberia y por otro lado los turcos que
se asentaron durante la Ruta de la Seda, han contribuido, entre muchos otros, a la
mezcolanza que los uygurs llevan dentro. Donde suaves rasgos orientales se mezclan con un
tono de piel más oscura. Sus hombres más viejos siguen portando sus largos guardapolvos
y sus altos gorros negros de algodón con una banda de piel alrededor de la frente .
Salimos de la vieja ciudad y es como una bofetada para despertarnos y
devolvernos al siglo XX. La Kashgar moderna es impersonal, de edificios altos, avenidas
amplias, tráfico con un sonido ensordecedor y cargado a su vez de cientos de bicicletas.
La gigantesca estatua de Mao preside la avenida Renmin Dong Lu. La estatua y sus
alrededores están engalanados, este año conmemoran el 50 aniversario de la revolución,
perdón, de la "liberación", nos matiza Dunkel educadamente.
A LOS PIES DEL PAMIR
En Kashgar pueden pasar los días volando y nuestra estancia toca a su
fin sin que apenas nos demos cuenta. El camino hacia Taxkorgán es largo (300 km) y la
carretera Karakorum alcanza uno de sus puntos más bellos cuando por la meseta de Pamir
cruzamos el cañón de Ghez. Las montañas entonces transforman sus monótonos tonos
pardos por tonos rojizos estratificados. Algunos trozos de la pista se encuentran hecho
añicos y por otros tenemos que esquivar los trozos de rocas desprendidas. Las últimas
lluvias y las crecidas del río han dejado a su paso la huella tangible de lo potente que
puede ser la naturaleza cuando se despereza.
Las poderosas montañas nevadas del Pamir son uno de los lugares
montañosos más escarpados del mundo. Es increíble ver alzarse esas altísimas murallas
de picos erizados y observar a sus pies gigantescos desiertos de arena. Los contrastes son
otro signo de identidad de estas lejanas tierras, si hace nada estábamos entre camellos
ahora nos encontramos con yaks pastando cerca del río. Si los primeros son las naves del
desierto, los yaks son las naves de las cumbres. Son fuertes, trepan como auténticas
cabras montesas (hemos visto inconcebibles malabarismos, y cuando parecía que iban a caer
despeñados irreversiblemente de un momento a otro lograban mantener el tipo, son
equilibristas), aguantan unas temperaturas bajo cero casi imposible de imaginar gracias a
su profuso y cálido pelaje. Tan solo exigen una cosa: necesitan beber constantemente pero
... como se mueven por cumbres nevadas no supone ningún problema, e incluso si no hay
nieve hay mucha agua en la alta montaña debida al deshielo.
Pero estos castillos de roca viva tienen centinelas: a nuestra izquierda aparece el monte
Kongur (¡7.719 m.!) y un poco más adelante el monte Muztagh Ata con sus 7.546 m. de
altura. Espectacular. Y en el medio de estos dos colosos...el lago Karakul, una joya
alpina de aguas turquesas que luce con orgullo la belleza de sus 3.700 m de altura. La
cercanía del invierno ha disminuido sus aguas, su habitual flujo se está congelando en
las montañas. En su orilla una pareja de camellos se pavonea con sus rítmicos y pausados
movimientos, como queriendo robar protagonismo a este incomparable marco natural. Estamos
maravillados. Nos hemos parado para disfrutar del lugar y tomarnos un poco de sopa
caliente que llevamos en el termo.
-Mira allí, a tu derecha. -Me dice Vicente, mientras señala con la mano una dirección.
Fijo la vista y veo una manada de yaks con sus crías, se están paseando también por la
orilla del lago. Nos acercamos a pie, no huyen, se quedan parados un momento y nos
observan. Nos consideran inofensivos y siguen pastando. Que más se puede pedir. Son
momentos inolvidables.
Seguimos volando alto, alcanzamos los 4.098 m. de altura. Es el paso de Saritash, estamos
rozando la conflictiva Tajikistán, se halla tan solo a 10 km. de nosotros. Compruebo
impresionada, con los ojos pegados al mapa, que la frontera natural con el pequeño e
inestable país tajik es una descomunal barrera montañosa con puertos de montaña que
apenas bajan de los 5.000 m. El paso de Karatokhterek con 4.913 m o el de Agadzhan con
5.194m o el de Sarikoram a 5.558 m. El Pamir posee un imperio de poderosas razones
naturales para hacerle infranqueable.
Una caravana de camellos se cruza ante nosotros por el camino. Vicente la sigue a pie para
atrapar las imágenes con su cámara. Sin darse cuenta les sigue hasta que le perdemos de
vista. Dunkel se había quedado dormido y se despierta, me confiesa que anoche estuvo en
la fiesta de la boda de un amigo. Me relata como las familias arreglan los matrimonios
desde que son niños, los matrimonios concertados es una costumbre que se sigue
practicando entre los uygur. Acto seguido me pregunta cuando concertaron mis padres el
matrimonio con los padres de Vicente. Le contesto que nos conocimos en una cafetería de
Ceuta, presentados por amigos comunes. Para el es algo imposible, como si le estuviera
contando una película de ficción.
Vicente llega si aliento. Siguiendo a la caravana de camellos acabó en un pequeño
asentamiento tajik. En esta zona, más de 20.000 tajiks viven en el llamado Condado
Autónomo de Taxkorgán, se han establecido en esta zona en busca de una vida mejor, o al
menos más tranquila. Un padre de familia le hizo señales para acercarse y le presentó a
su mujer, a su hija y a su último hijo, todavía un bebé. Las mujeres son
inconfundibles, con sus gorritos redondos de mil tonalidades y cubiertas de pañuelos de
vivos colores. Acabaron en su hogar compartiendo una tetera de té.
El vuelo rasante de hoy se termina, bajamos a 3.040 m de altura y nuestro Montero aterriza
en la ciudad de Taxkorgán. Hace un frío intenso y acabamos en un pequeño restaurante
uygur, comiendo una sopa de noodles (una especie de espaguetis) con palillos, una aventura
equiparable a la persecución a pie de la caravana que acababa de hacer Vicente. Entre los
temblores del frío y los palillos ... tela marinera para que la pasta no salga disparada
a un ojo o ... al ojo del de la mesa de al lado. El invierno está muy cerca y todos los
hoteles están cerrados. En el hotel que dormimos ya no encienden ni la calefacción, tan
solo nos esperan a nosotros porque la agencia hizo la reserva a tiempo, en cuanto partamos
... lo cierran, somos los últimos clientes antes de que el año mute todos sus números y
comience un nuevo año "0". Nos estamos helando en las camas, Vicente se tiene
que levantar, despertar al recepcionista y pedirle 4 mantas más. Con un refuerzo de dos
mantas más cada uno finalmente conseguimos dormir.
El sol se despereza, nosotros también. El astro de luz va calentando la tierra, nuestros
polartec van calentando nuestros cuerpos. Las montañas que rodean Taxkorgán están
hermosas, radiantes, sus laderas visten las túnicas azafrán del amanecer. La ciudad
moderna no vale nada, es una herejía arquitectónica, una urbe mutante pero si trepamos a
la colina de roca que domina la ciudad se puede hacer un homenaje a su historia y a su
nombre. Tax-korgan significa "fortaleza de piedras" y desde las últimas piedras
que mantienen su histórica fortificación, ya casi extinta, echamos un último vistazo a
la cordillera del Pamir que ahora nos rodea para pronto ser abrazados por otro poderoso
gigante: el Himalaya. En breve -si los aduaneros chinos se comportan honradamente-
cruzaremos el paso de Khunjerab, que con sus 4.732 m de altura es la frontera
"pública" más alta del mundo. Cuando lleguemos a ese punto nos habremos
extraído esa pequeña espina que se clavó en 1.992, cuando fue una meta frustrada. El
gélido viento que sopla en la "fortaleza de piedra" me produce escalofríos,
Vicente me pasa el brazo por encima del hombro y nos quedamos contemplando el final del
nacimiento de este nuevo día. Hemos contemplado el alba sobre el Pamir y veremos el ocaso
sobre el Himalaya. Nuestros ojos nómadas van viendo desfilar un mundo que en unos días
entrará en el mítico año 2.000.

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Ruta
por China.

La
documentación que exigen para entrar con vehículo en China es un inescrutable laberinto
burocrático del que se tiene que encargar una agencia china. En la foto el carnet de
conducir chino. (Más fotos en link)

Un estrecho
cañón con un río estacional es el pasillo de entrada a China desde el Kirguistán.

"Aviso a
Vicente de la presencia de dromedarios pero ... no son dromedarios. Al ponerse de perfil
los distingo claramente: ¡son camellos bactrianos!, ¡los primeros que vemos en libertad!
Sus dos jorobas y su largo pelo, como un abrigo de pieles, son inconfundibles. También
sus andares son diferentes a los de sus "primos" los dromedarios, los vemos más
elegantes y dignos en sus movimientos". (Detalle en link)

Llegamos a la
parte nueva de Kashgar, donde una gigantesca estatua de Mao Tse Tung domina la mayor plaza
de la ciudad. La estatua y sus alrededores están engalanados, este año conmemoran el 50
aniversario de la revolución, perdón, de la "liberación", nos matiza Dunkel
educadamente. (Detalle en link)

Plaza del
reloj, con la mezquita amarilla de Id Kah (s.XV) al fondo. Esta mezquita es una de las
más grandes de China, puede congregar a unas 8.000 personas en su patio y 20.000 en sus
alrededores.(Más fotos en link).

El mausoleo del
santo musulmán Yusup Hazi Hajip (s.XI) es uno de los más importantes lugares de
peregrinación en Xinjiang y su belleza no tiene rival en Kashgar. (Más fotos en link)

El mausoleo de
Abakh Hoja(s.XVI), la tumba esmeralda. Entre los muros recubiertos de azulejos verdes se
hallan más de 70 ataúdes de los miembros de la dinastía de esta princesa. (Más fotos
en link)

Mercado del
domingo de Kashgar. ¿Quiere un camello? Nosotros se lo vendemos. (Más fotos en link)

Moto-taxi con
sidecar, rápido y barato. (Más fotos en link).

"Hola
viajero, ¿quieres probar el pan uygur?" (Más fotos en link, paséate por Kashgar)

Rostros de
Kashgar. Pero lo mejor es su gente, hemos bebido una poción mágica que nos ha trasladado
a otra dimensión. La variedad es inagotable en cuanto a sus etnias, sus vestimentas, sus
colores y tradiciones. Rostros que nos revelan un pasado muy lejano. Ojos rasgados de todo
tipo, cabelleras negras, barbilampiños y ancianos de pobladas y blancas barbas, oscuros y
variados gorros, abrigos largos, botas enfundadas sobre anchos pantalones, ...pero ¿en
qué siglo estamos? (Más fotos en link)

Kashgar ya
queda atrás pero tan solo físicamente porque el que ha estado en esta encrucijada de
Asia Central tendrá para siempre en su corazón un espacio reservado para este singular
lugar. La Ruta de los Imperios sigue su avance hacia el Himalaya, la aridez vuelve a
reinar en estos territorios nómadas.

Tras el
desierto ... iniciamos nuestro "vuelo". Ascendemos a 2.000 m, a 3.000 m., a
4.000 metros, ...La cordillera del Pamir es la barrera que pone la naturaleza para
demostrar al hombre quien manda en estas indómitas tierras. Ni siquiera los ríos pueden
hacer crecer la vegetación, tan solo se dan los pastos, solo podían vivir los nómadas
pero la belleza de los paisajes lo convierten en un lugar único. (Más fotos en link)

A los pies de
los gigantescos picos del Pamir hacemos un alto en el lago Kakakul, una joya alpina de
aguas turquesas que luce con orgullo la belleza de sus 3.700 m de altitud entre gigantes
como el Muztagh Ata 7.546 y el Monte Kongur con sus 7.719 m. Un duelo por conquistar el
cielo. Hacemos un alto. "-Mira allí, a tu derecha. -Me dice Vicente, mientras
señala con la mano una dirección." (Más fotos en link)

Una caravana de
camellos se cruza ante nosotros, su imagen casi nos hace volver la cabeza para comprobar
si Marco Polo está detrás. Nada ha cambiado en el Pamir.

Siguiendo a la
caravana de camellos Vicente acaba en un pequeño asentamiento tajik. Las mujeres son
inconfundibles, con sus gorritos redondos de mil tonalidades y cubiertas de pañuelos de
vivos colores. (Más fotos en link)

"The
Frontier Defence of China", el último punto de "Defensa de la Frontera
China". El ejército Chino efectúa una última verificación de los papeles, todo en
orden ... "pueden dirigirse hacia Pakistán". El Himalaya ya nos envuelve y en
breve cruzaremos el paso de Khunjerab, que con sus 4.732 m de altura es la frontera
"pública" más alta del mundo.
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