La
incertidumbre
planeaba sobre nosotros, las únicas palabras que nos intercambiábamos era cuando Vicente
llegaba a algún cruce y me preguntaba la dirección a seguir. Yo consultaba el mapa y le
respondía con una sonrisa. Él me la devolvía. Eran los nervios. Los últimos 100
kilómetros hasta el puesto fronterizo de Baridjan fueron con nervios, no sabíamos si
estaba abierta a los extranjeros. En principio tenía que estarlo puesto que es la vía
principal para alcanzar Ashgabat, la capital de Turkmenistán, pero no hay datos
fidedignos, tan solo "rumores" y son contradictorios. Eso sin contar con que lo
hoy es válido mañana puede dejar de serlo.
Una barrera cerrada y militares de verde oscuro. Hemos llegado a la frontera iraní. Nos
paramos. Un hombre, sale de la garita y nos saluda muy
cordialmente.
-Por favor, síganme, vamos a cumplimentar los trámites. - Nos dice el funcionario
iraní, siempre sin parar de sonreír y desviviéndose por ayudar.
En esos momentos nuestros temores se diluyeron, todos nuestros
músculos se relajaron. Si los turkmen tuviesen cerrada la frontera hubiese sido lo
primero que nos hubiesen dicho los aduaneros iraníes. La vía estaba abierta, tan solo
quedaba por ver que tal iba a ser su paso de aduana. De entrada, la salida de Irán fue
una maravilla: todo atenciones, diligencia y rapidez. Nos vino muy bien, veníamos muy
tensos.
Una foto de Khomeini es la última imagen que nos despide de Irán cuando abandonamos la
frontera mientras la barrera se cierra tras nosotros.
Una nueva barrera, nuevos uniformes y nuevas caras. Los rasgos del
aduanero turkmen ponen de manifiesto que es otro pueblo con el que vamos a convivir a
partir de este momento. Los ojos se han rasgado, la tez se ha aclarado y los pómulos
salientes evidencian su herencia étnica tekke, la tribu dominante entre las muchas que
pueblan el nuevo territorio. Su cara permanece imperturbablemente seria, mira los
pasaportes, nos mira a nosotros y nos indica que continuemos.
Vemos ondear la bandera verde con una franja de los tapices que le han
dado prestigio a este país durante siglos en toda Asia Central. Avanzamos durante unos
cuatro kilómetros por una tortuosa carretera entre unas voluptuosas y desnudas montañas
que parecía acabar de solidificarse. Son los montes Kopet-Dag, la frontera natural con
Irán, propensa a los terremotos que asolan estas latitudes con extremada virulencia.
Pasamos por un puesto donde nos rocían las ruedas del coche con desinfectante. Llegamos a
la aduana. Un montón de camiones iraníes con mercancía hace cola.
Ya estamos en Turkmenistán, se acabó la charía islámica. Me quito
el pañuelo y la chilaba que durante toda mi estancia en Persia me cubrieron por completo.
El color vuelve a cubrir a las mujeres a este lado de frontera. Siguen
llevando pañuelos pero recogidos en un moño y completamente estampados con colores
chillones. Sus vestidos son largas túnicas más o menos entalladas en vivos colores como
morado, rojo, marrón o violeta. También guardan una larga cola. Son vendedoras que han
ido a aprovisionarse de mercancía a Irán pero ahora les aguarda una larga espera de
registro, que por supuesto verán como se agiliza con una buena "donación".
De nuevo la sorpresa. Nos presentamos con nuestros pasaportes y no
saben qué hacer con nosotros. Nos pasan al despacho del "doctor" donde se
supone que te examinan. Pero tan sólo apunta nuestros nombres, nos pide 20 US$ y nos
extiende un recibo en cirílico que no hay modo de entender. No sabemos si es una factura
o la carta de un restaurante. Suponemos que es cierto y pagamos. Finish!, nos dice. Casi
mejor, no quiero ni pensar en el reconocimiento médico que podía habernos practicado
dado el estado de las instalaciones.
Y llega el momento estelar, la tramitación de los papeles del coche.
Eso fue un desbarajuste tremendo. Tan solo hablan turkmen y ruso y no pueden explicarnos
nada. Hablan entre ellos y quedamos adjudicados a un soldado que nos va llevando de una
ventanilla a otra y nos decía: 20 US$, 6 US$, 10 US$, 50 US$, ... (Los números sí que
se los sabían en varios idiomas). Pagábamos sin saber qué era y nos daban un papel.
Así una ventanilla tras otra. Turkmenistán no ha firmado su ingreso en la C.I.S. que
lidera Rusia y es totalmente independiente en lo que respecta a sus fronteras y la verdad
es que se han espabilado rápidamente y lo han convertido en una gran fuente de ingresos.
No por los viajeros extranjeros (nadie viene a Turkmenistán) sino porque todo el tráfico
rodado de mercancías desde y hacia Asia Central tiene que pasar por Turkmenistán
mientras Afganistán siga en guerra, son miles y miles de camiones diarios. Creemos que la
economía la están levantando las "tasas de tránsito". Era una sangría pero
todo parecía legal con nosotros. Vimos mucho "trapicheo" de propinas con los
locales y con los camioneros para acelerar los trámites pero no nos involucraron en sus
"líos internos".
En un despacho, un hombre habla un poco de inglés.
-¿De aquí van a Ashgabat? -Nos pregunta el funcionario.
-Sí, y luego hacia el este bordeando el canal de Kara-Kum. -Le contesta Vicente.
-¿Y luego a Uzbekistán? -Prosigue el funcionario.
-Sí, estamos en ruta hacia China. -Cuando Vicente termina esa frase, el funcionario saca
un block con un mapa en el centro y comienza a marcar con bolígrafo unas carreteras.
Vicente se queda perplejo.
-¿Qué está haciendo? -Le consulta Vicente.
-Marco su camino para el permiso de circulación. -Contesta.
-¿Hay que decir ahora por dónde vamos a ir? -Le pregunta Vicente con una cara de
sorpresa que no puede disimular.
-Claro, estoy marcando la ruta que me acaba de decir.
-¡Pare de marcar!, esa es la idea general pero tenemos que hacer muchos desvíos.
Queremos ir a Merv, el desierto de Kara-Kum, ver el Amu Darya, los restos de la imperial
Konye Urgench, y quizás más. -Le dijo rápidamente Vicente, mirando preocupado el mapa
por si ya había marcado algo que nos obligase a saltarnos alguno de esos lugares. Pero
no, tan solo le dio tiempo a marcar el principio del camino.
Era la primera vez que nos pedían algo así, fijar la ruta antes de
entrar en el país. Antes de adentrarnos en un nuevo territorio lo tenemos estudiado pero
nunca nos preocupamos del camino a seguir a priori porque lo hacemos sobre la marcha, en
función de las dificultades, el estado de la ruta, informes de lugareños, que nos
enteremos de algo que merezca un desvío, etc. Les tuvimos que pedir 30 minutos para
decidir qué ruta íbamos a seguir y en ese tiempo no parábamos de preguntarles datos
sobre las rutas y nos iban contestando: por aquí se tarda unos tres días, esto es solo
una pista muy dura, por aquí esta prohibido, por esta zona no conviene porque hay
contrabando afgano, en este lado ... Así 30 minutos, entrando y saliendo de la
habitación constantemente. En un momento teníamos que decidir toda la ruta por
Turkmenistán .... ¡y no equivocarnos porque no había marcha atrás!
-Esta es la ruta que vamos a seguir. ¿Las fronteras de Konye Urgench y Tashauz hacia
Uzbekistán están abiertas a los extranjeros, verdad? -Le dice Vicente al funcionario
mientras le entrega un croquis del mapa que termina en esas ciudades, al noroeste del
país.
-Supongo que sí, ahí hay aduanas. -Le contesta.
-¿No lo sabe seguro? -Vicente no sale de su asombro.
-Seguro no, los extranjeros van directos a Bukhara por Chardjou, nadie se mete por la
carretera que cruza el desierto de Kara-Kum. ¿Y qué salida les pongo? -Prosigue el
funcionario como si el hecho de que quizás nos topemos con una frontera cerrada no fuese
importante. Y además, ¡hasta teníamos que poner el puesto fronterizo exacto!
-Que ponga Konye Urgench. -Le digo a Vicente. Ya estábamos agotados y elegimos éste
porque era el más lejano y así por lo menos teníamos un puesto fronterizo extra si el
anterior estaba cerrado.
-Son 52 dólares -Nos dice el funcionario.
Porque además del embrollo de la ruta ... había que pagar por
kilómetro que se iba a recorrer por el país. Tras poner la ruta en el mapa, sacan unas
tablas donde ponen las distancias kilométricas, las suman y las multiplican por 0,04 US$
(6,5 pts) si el vehículo es de gasoil o por 0,06 US$ (9,5 pts) si es de gasolina.
También es la primera vez que vemos algo así.
En total 158 US$ (25.280 pts), sin incluir los visados que ya teníamos
de Ankara. Tras el "saqueo", el registro del coche fue bastante somero, parece
que quedaron satisfechos con los pagos efectuados. De nuevo en ruta, Ashgabat está cerca.
RENACER DE LAS CENIZAS
Ashgabat, la capital, se encuentra tan sólo a 35 km de la frontera.
Penetramos por una gran avenida, muy amplia y donde los automóviles conducen con una
precaución extrema, todo parece transcurrir a cámara lenta. Se ve que la policía
"no pasa ni una" a los conductores.
Cuando avanzábamos por sus grandes bulevares nos daba la impresión de estar ante un
gigantesco escaparate. Los jardines parecen recién plantados, el Palacio Presidencial, la
Gran Mezquita, el monumento a la Patria, los grandes bancos, edificios de organismos
oficiales, el museo, ... todo parece a estrenar, un aspecto impecable. Los hombres visten
a la occidental pero les encanta el blanco y negro como colores predominantes. Las
muchachas llevan hermosísimos y pulcros trajes largos turkmen de seda y terciopelo pero
también hay minifaldas casi sin tela, suponemos que estas últimas son las de origen
ruso, siempre más liberadas. Todos se pasean por los grandes parques, todo respira paz y
serenidad pero estamos en una ciudad que pocas veces ha respirado tranquila a lo largo de
su historia. Ha sido destruida repetidamente a lo largo de los siglos tanto por los
terremotos como por la furia de conquistadores como Gengis Khan.
Pero fue en 1948 cuando sufrió su último mazazo. Un terremoto de
grado 9 en la escala de Richter la dejó reducida a escombros, (en Asia Central deben de
adjudicar el grado 10 -el máximo- tan solo al paso de Gengis Khan por estas tierras).
Murieron 110.000 personas, aunque las cifras oficiales dijeron que sólo 14.000 personas
habían perecido, era la época de Stalin y la Unión Soviética era perfecta, ni siquiera
podían ocurrir desastres naturales. La ciudad se cerró al mundo durante ¡5 años! para
enterrar a sus muertos y ser reconstruida al margen de las miradas exteriores. Con lo
cual, su pasado no tiene rostro, no hay vestigios de lo que fue en otros tiempos. Ahora es
una ciudad impersonal donde los edificios no levantan más de 4 ó 5 pisos, los temblores
de tierra tan destructivos que suele padecer les han enseñado dolorosamente la lección.
Sobre los edificios, en sus fachadas, en carteles publicitarios o en estatuas sobre
podium, la imagen de su presidente Nizayov aparece constantemente. Al más puro estilo
Boris Yeltsin (canoso, cuadrado y siempre sonriendo), su presencia está obsesivamente
omnipresente. Un culto a la personalidad que tan solo se puede comparar con el del
presidente Assad en Siria.
EL DESIERTO DE LAS ARENAS NEGRAS
El nomadismo de los turkmens les llevó a cruzar en infinitas ocasiones
con sus caravanas un desierto que cubre la mayor parte de su territorio. El Kara-Kum (El
Desierto de las Arenas Negras) es uno de los desiertos de arena más inmensos del mundo.
Seguimos la línea que el canal marca a su paso, bordeando el desierto
que le ha dado su nombre. El canal de Kara-Kum fue un proyecto que los soviéticos idearon
para resucitar la tierra baldía y seca del país... pero la tierra es tan yerma que
incluso con el canal tan sólo el 2,5% del territorio es cultivable.
A pesar de la restrictiva línea marcada en el mapa que nos dieron en
la aduana no paramos de hacer escapadas a través de pistas y vamos explorando los
alrededores. Van apareciendo pequeños pueblos de estética horrorosa (todo hay que
decirlo), recorremos un estrecho cañón mientras una bandada de pájaros nos sigue en
paralelo, un zorro se nos cruza, seguimos el canal Kara-Kum por una pista, nos detenemos
frente a un océano de arbustos con pinceladas blancas.
Un anciano con el rostro castigado por el sol y con el cuerpo
encorvado, limpiaba con un palo alargado un enorme manto blanco de algodón. Había
habilitado unos corredores para avanzar sin pisarlo. Tras él se extendía un campo
inmenso de los arbustos de dicho cultivo. Las mujeres y las niñas lo habían recogido
durante el día y el anciano procedía a expurgarlo, como lo había hecho millones de
veces a lo largo de su vida.
Desde 1930 los soviéticos habían convertido la tierra productiva de
Turkmenistán en un absoluto monocultivo sin capacidad para la manufactura. El cultivo
continúa pero quien iba a decir que un territorio desértico al 100 % donde solo se
cultivaba algodón gracias a canales artificiales ... se iba a descubrir gas natural. Un
futuro esperanzador se abre ante el pueblo turkmen. Tan sólo son 4,4 millones de
habitantes y la euforia de saberse poseedores de unas reservas casi infinitas de este
producto les conduce a soñar en convertirse en el Kuwait de Asia Central.
Pero nuestros ojos no ven el futuro, tan solo el presente. Por el
momento, la realidad es que tan sólo unos pocos disfrutan de las ventajas de estas
reservas millonarias y la población sigue básicamente rural. Este último factor nos ha
permitido convivir con la población autóctona en numerosas ocasiones. Llega el atardecer
y comienza el momento para buscar campamento. En las áreas pobladas preferimos el
resguardo de la población local, da seguridad y nos permite compartir vivencias y
culturas. Las granjas abundan y se convirtieron en nuestros hogares improvisados durante
parte de la estancia en el país.
Los turkmens son bastantes reservados con los extranjeros pero tuvimos
la suerte de ser invitados a sus hogares en numerosas ocasiones. Practican la religión
musulmana pero con un relajamiento muy patente de la tradición islámica, como
consecuencia de su convivencia con las pautas soviéticas. Las alfombras siguen siendo las
reinas de la casa. Sobre ellas intentamos comunicarnos, pero el ruso y el turkmen son las
únicas lenguas que hablan, aunque eso no nos echa para atrás. Lo intentamos con algunas
frases en alemán y conseguimos entendernos un poco mejor ayudándonos con gestos y
dibujos. A veces parece que estamos jugando al Pictionary.
Las mujeres en ocasiones se retiran a otra habitación a comer y en
otras comparten con nosotros los momentos que pasamos juntos. Su vestimenta y
comportamiento es más distendido que en otros países más celosos de las leyes
musulmanes. Pero el vodka sustituye al té como bebida de bienvenida, aunque sean
musulmanes... y de nuevo nuestra "úlcera fantasma" entra en escena. Pero
también consumen mucho té y lo usamos de comodín.
ACOMPÁÑEME, POR FAVOR.
Cruzamos Tedzhen.
-¿Qué es ese revuelo de allí? -Me pregunta Vicente. El devuelve la vista a la carretera
y yo me fijo para ver si distingo algo.
-Es un mercado, ¡hoy es el día del mercado en Tedzhen!. -Le contesto entusiasmada a
Vicente.
Nos encantan los mercados. Es donde se siente el palpitar de un pueblo y donde se respira
la esencia de toda la población de la zona con sus costumbres, trajes, culturas,
mercancías... Entramos en él y así aprovechamos para comprar fruta y verdura. Había de
todo, desde cacharros de cocina hasta refinadas especies pasando por todo tipo frutas y
verduras. Mayoritariamente los puestos están regentados por mujeres que componen un
auténtico arco iris con sus trajes y pañuelos de vivos colores. Son muy amistosas, se
dirigen a mi pero no entiendo nada. Se ríen entre ellas, me dicen que me acerque a ver
sus mercancías, bromean con mi pelo suelto y compartimos las risas.
Hemos hecho las compras y ... saludado a medio mercado. Estamos a punto
de salir del zoco y un hombre se nos acerca y nos corta el paso. Nos enseña un carnet
dentro de una pequeña cartera roja, que abre y cierra muy rápidamente pasándonosla por
delante de las narices sin apenas tiempo a ver nada. Parecía un personaje de una mala
película de espías. Sólo articula decir "police, police" y a tirar del brazo
de Vicente para que le sigamos. No entendemos que ocurre. Vicente le vuelve a pedir que le
enseñe el carnet y de nuevo lo abre rápidamente y lo cierra escondiéndoselo en el
bolsillo pero a Vicente ya le ha dado tiempo a verlo.
-¿Qué es ese carnet? -Le pregunto a Vicente.
-Ni idea, todo está en cirílico y en la foto lleva uniforme marrón pero puede ser hasta
un carnet de la mili. Esto me da mala espina, huele a encerrona. -Me contesta.
Ahora tan sólo repite "problem, problem," y coge de nuevo el
brazo de Vicente y tira de él para que le acompañáramos a Dios sabe dónde. Vicente se
suelta de un tirón y le mira como diciéndole que no le toque. Eso sí, todo sonriendo y
haciendo como que no nos enteramos de qué va la película. Una vez fuera del mercado, le
decimos que tenemos que dejar las bolsas en el coche, dice que no, pero ignoramos su
prohibición y vamos al Montero. Lo abrimos e instalamos las bolsas de fotografía y
vídeo atrás y echamos el cierre. "Passport, passport", ahora no para de
pedirnos los pasaportes volviendo a repetir "problem, problem". Estaba el patio
como para soltar los pasaportes. Le decimos "OK" y nos metemos en el coche con
la excusa de buscarlos. Cuando nos ve dentro se pone más nervioso y cuando observa que
Vicente mete las llaves en el contacto como el que no quiere la cosa ... ya se dispara.
Pasa por encima de mí -estaba en mi lado- e intenta sacar las llaves del contacto, pero
Vicente de un manotazo se lo impide. Vicente arranca el motor y entonces trata de sacarme
del coche a tironazos e impedir que cierre la puerta pero le doy un empujón. Con él
medio enganchado Vicente da la marcha atrás y se suelta. En cuanto ya no toca el todo
terreno Vicente acelera violentamente hacia atrás, frena en seco, mete primera y salimos
derrapando en medio de una gran polvareda. Nos alejamos de aquel lugar rápidamente. Miro
hacia atrás y el "individuo" se reúne con otro tipo y se meten de nuevo en el
mercado.
No sabemos exactamente quiénes eran esos tipos pero teniendo en cuenta
las extrañas historias de corrupción y chantajes que corren por aquí, preferimos
alejarnos lo antes posible de ese lugar. Pero la suerte no nos acompaña. Al poco, unos 10
km. después, ¡un control de policía!. Es imposible saltárselo, tienen una barrera.
Paramos, ahora comprobaremos si eran auténticos o no los "polis" del mercado,
si nos detienen es que el policía era auténtico y ha avisado por radio. Si no pasa nada
... era una trampa. Nos piden los pasaportes. Se aleja con ellos y se mete en la caseta
del puesto. Pasan unos minutos que se nos hacen eternos. No hablábamos ni entre nosotros
de la tensión que vivíamos.
Por fin sale del puesto, se acerca a nosotros. Viene sin los
pasaportes, nos pregunta a dónde vamos. Le decimos que a Merv, a las ruinas
arqueológicas de la histórica ciudad. Se saca los pasaportes del bolsillo y nos dice
"sagh bol" (adiós) y le indica al compañero que levante la barrera. Respiramos
tranquilos, el corazón vuelve a palpitar. Menos mal que la intuición no nos falló.
Seguramente aquellos tipos eran unos farsantes o policías "por libre" que
trataron de asustarnos para robarnos o sacarnos dinero. Aunque la verdad es que nos
inclinamos más a que eran policías auténticos (o algún otro tipo de agentes de la
autoridad) en busca de una "paga extra" mediante la extorsión, actuaban a la
luz del día y eso explicaría que nadie del mercado se moviese. Nunca sabremos la verdad
pero habrá que estar alerta.
FRENTE A FRENTE CON EL PASADO
La Ruta de la Seda vuelve a mostrarnos los espectros del pasado. En
Merv nos situamos cara a cara con otra de las ciudades oasis que marcaron época. 2.500
años de historia repartidos por una extensión de 100 km2. Si Isfahán fue conocida como
"Mitad del Mundo" a Merv la bautizaron con el sobrenombre la"Reina del
Mundo". Cristianos, budistas y zoroastrianos convivieron entre sus muros
pacíficamente y cuentan que las historias de "Las Mil y Una Noches" de
Scherezade le fueron inspiradas en este lugar. Jardines, librerías, observatorios,
canales de irrigación... un maravilloso paraíso que desgraciadamente fue arrasado por el
hijo más violento de Gengis Khan, Tuluy (también grado 10 de la escala Richter, como su
padre).
Fue abandonada durante siglos y esporádicamente tuvo momentos de
incipiente resurgir pero acabó convirtiéndose en campamento de descanso para las tribus
nómadas de los turkmen, que solían atacar las poblaciones del norte de Persia para
capturar esclavos con los que luego comerciaban. Esos turkmen eran el terror del Kara-Kum,
un dicho persa decía: "Si estás en el Kara-Kum y te encuentras con una víbora y un
mervi, mata primero al mervi".
Giramos sobre nosotros mismos para ver todo el horizonte, cada rincón
de esta tierra emana historia. Estamos a punto de acabar el siglo XX y tan sólo queda de
aquel oasis de hermosura y sabiduría unas murallas de adobe que acogen unos pocos
mausoleos, las murallas derretidas de sus fortalezas, un cementerio y antiguos y secos
pozos. Se encuentran reconstruyendo lo poco que queda pero tan solo la imaginación,
basada en antiguos escritos, puede rendir justicia a la espectacular belleza que tuvo que
irradiar cuando las caravanas de la Ruta de la Seda hacían escala en ella... y les
costaba partir de nuevo.
Con los últimos latidos del día abandonamos la ciudad arqueológica
de Merv. Entre ella y la ciudad fronteriza de Chardjou tenemos que recorrer 220 km. a
través del desierto Kara-Kum, siguiendo la Ruta de la Seda pero el paisaje es monótono,
yermo, con arbustos sedientos y un vacío casi total. La ciudad de Chardjou tiene sentido
gracias al puerto que se levanta a orillas del río Amu Darya, la frontera natural con su
vecina Uzbekistán y la ruta directa a Bukhara y Samarkanda. Esta era la ruta que nos
decían en la aduana que es la habitual pero nosotros no vamos a entrar aun a este nuevo
país, tomaremos rumbo noroeste y seguiremos durante 600 km. al Amu Darya a través de uno
de los desiertos de arena más grandes del mundo.
Nos advirtieron que tuviéramos cuidado porque aunque estuviera
asfaltada transcurría enteramente por el desierto y en muchos tramos sus arenas cubrían
con las dunas el camino marcado por los hombres. Una lucha constante entre el hombre y la
fuerza de la tierra que no entiende de barreras antinaturales. Las lenguas de arena
avanzan ayudadas por el viento, es un mar donde las olas se han calcificado. Los
dromedarios, los "navíos del desierto", aparecen esporádicamente y al igual
que las antiguas caravanas, avanzan con su típico lento caminar.
Canalizaciones del río Amu Darya nos sorprenden cuando de repente
superamos un desnivel y aparece como un milagro en medio de la esterilidad absoluta. Lagos
de un intenso azul que brillan desafiantes bajo los rayos del intenso sol. Un sol que en
verano puede caldear el ambiente hasta los ¡65ºC!, convirtiendo al país en una olla en
ebullición. Estamos en otoño y una ligera brisa consigue mantener en suspensión los
ligeros granos de la arena del Kara-Kum.
Llegamos a Tashauz, todo cambia de repente. El delta del Amu Darya ha
regado los campos de algodón de esta zona durante décadas pero a costa de gravísimos e
irreparables perjuicios medioambientales. Los planes soviéticos para regar los campos de
algodón de Turkmenistán, Uzbekistán y Kazajastán despreciaron el grave perjuicio que
estaban causando al Mar de Aral, al cortarle casi todas sus fuentes de alimentación.
Ahora le llega menos del 10% de lo que le llegaba hace 40 años, es la agonía de un mar
que ha desequilibrado todo un ecosistema, ha supuesto la aniquilación de pueblos e
industrias, ha cambiado el clima de toda la región... Se le considera el mayor desastre
medioambiental del siglo XX.
Esta ciudad nos servirá de campamento base para visitar la ciudad de
Konye-Urgench. A la salida de la ciudad nos cruzamos con los autobuses cargados de mujeres
y niños que se dirigen a los campos de algodón para su recolección, son grandes
convoyes que van escoltados por un coche policial que les abre paso a través del
tráfico. La ciudad es un todo de cemento, asfalto y bloques de viviendas de hormigón.
Seguimos rumbo noroeste donde el paisaje se repite constantemente con los monótonos
algodonales. De repente un anciano a caballo nos saluda y nos hace
gestos de parar. Detenemos el coche. Como un espíritu del pasado aparece ante nosotros.
Matnaser, que así se llama, nos saluda con un "Salam Alekum", le contestamos
"Alekum Salam". Su rostro es la prueba de la mezcolanza entre mongoles y
caucasianos, su largo guardapolvos (el chapan), sus botas por encima de los pantalones y
su gorro (el papaj) nos muestran en un segundo una imagen remota. En una mano lleva la
fusta y con la otra sujeta las riendas de su inseparable camarada, su caballo. Dicen que
los caballos turkmen, los Akhal-Teke son los antecesores de los caballos de raza árabes.
Sólo los más ancianos siguen vistiendo a la antigua usanza.
Se ha bajado del caballo para darnos la mano. Le preguntamos la edad.
Nos contesta escribiendo el número en la tierra, tiene 71 años. Los turkmen tiene muy
reciente su pasado nómada, hace tan sólo una o dos generaciones que se hicieron
sedentarios. Probablemente, Matnaser vivió la mitad de su vida como nómada y ahora le
encontramos cabalgando entre los inagotables campos de algodón que nos rodean mientras
conversamos. Nos despedimos de él, se monta a lomos de su compañero y vuelve hacia los
campos.
Tras unos 100 km llegamos a la vieja Urgench. Fue el corazón del Islam
en el s.XIII. Avicenas o Ibn Battuta pasaron por ella y quedaron impresionados con el
cúmulo de sabiduría y belleza que contenía. Pero el cambio del curso del río Amu Darya
también cambió su importancia a lo largo de la historia, así como las masacres de
Gengis Khan (Imperio Mongol) o los celos de Tamerland (Imperio Mogol) que vio como le
hacía seria competencia a su excepcional Samarkanda.
Pese a todo han sobrevivido algunas piezas de su prestigioso pasado.
Ayudados por la reconstrucción, una serie de mausoleos como el de Torebeg Khanym, Sultan
Tekesh o el de Il-Arslan comienzan a resucitar entre sus escombros. Desde el mausoleo de
Torebeg (la hija de un líder de la Horda Dorada del Imperio Mongol) divisamos una especie
de chimenea de ladrillos cocidos muy esbelta, es el minarete Kutlug Temir, el único resto
de una gigantesca mezquita. Nos dirigimos hacia a ella a través de un peculiar cementerio
de épocas más contemporáneas. Sus tumbas excavadas en la tierra están presididas por
unas escaleras de madera clavadas sobre las sepulturas, probablemente como alegoría de la
ascensión al paraíso.
A medida que avanzamos vamos observando su peligrosa y evidente
inclinación, demasiados siglos y ... demasiados temblores de tierra, el último en el
año 1982, le infringió un serio golpe a su veterana figura inclinándole 1,5 m hacia el
oeste. Se trata del minarete más alto de toda Asia Central (62 metros de altura, 15
metros más que el Kalian de Bhukara en Uzbekistán). Una altura considerable que en siglo
XIV se ganó la admiración de todos.
Nos indican que cerca del centro de la actual Konye-Urgench existe un
mausoleo muy venerado por los musulmanes sufitas. Nos dirigimos a él. El santo admirado y
sabio Nadjmaddin Koubra, contaba 75 años cuando llegaron las invasoras hordas mongolas,
cosa que no le impidió armarse, ir a la guerra y convertirse en un héroe pero ...
finalmente fue decapitado. Su cabeza y su cuerpo se hallan depositados en ataúdes
diferentes en el mausoleo que lo alberga desde hace más de 700 años.
Los últimos destellos de un largo día comienzan a menguar. Los
algodonales comienzan a vaciarse. Sus trabajadores vuelven a sus hogares. Las mujeres y
las niñas reflejan en su rostro el cansancio de una larga jornada. Algunos ancianos
regresan con sus carros tirados por caballos, avanzan con calma por los arcenes con sus
largas barbas blancas, sus típicos gorros negros de piel de cordero (los telpek, enormes
y gruesos anillos de lana rizada que le rodean la cabeza) y sus anchos pantalones
enfundados en sus altas botas negras. Realmente nos trasladan a otros tiempos.
En breve iniciaremos la ruta de regreso a Tashauz para pasar la última
noche en Turkmenistán. No quisimos pensar durante toda la ruta en la duda que no pudieron
disiparnos en la aduana de entrada y ahora toda esa serie de dudas resurgen. ¿Está
operativa para extranjeros la pequeña aduana local de Tashauz?, ¿Cómo reaccionarán al
vernos? Y para complicar más las cosas, nuestro documento pone que saldremos por la
aduana de Konye Urgench pero al final vamos a salir por la de Tashauz. ¿Y Uzbekistán? De
Uzbekistán sí que tenemos informes: es lo más bello de Asia Central a la vez que posee
la policía más corrupta de todos estos países.
¿Y la entrada a Kazajastán desde Uzbequistán? El puesto fronterizo
que hemos elegido está abierto seguro (¡por fin algo seguro!) pero tenemos que estar en
la fecha que pone el visado, si no estamos ahí ese día perdemos el visado y no podemos
entrar. Eso implicaría perder toda la ruta hacia China, ya que el tiempo de extender otro
visado nos haría perder el visado de Kirguistán (también cerrado en fechas) y la
entrada del vehículo a China, también fijada e inamovible. Toda la ruta por Asia Central
se caería en un momento. Las fechas por Asia Central son como un inmenso castillo de
naipes, una prueba de fuego para los nervios de cualquiera.
Esta etapa termina igual que empezó: en un mar de dudas, inquietudes e
intranquilidades. Pero lo visto y vivido no tiene precio.
Estamos inmersos en un auténtico carrusel emocional, es un
conglomerado de euforias y preocupaciones muy difícil de explicar. Los interrogantes van
y vienen pero el sol es generoso con nosotros y nos obsequia con una espectacular puesta
de sol sobre la imperial Konye Urgench. Es un bonito regalo de despedida. Adiós
Turkmenistán. Mañana será otro día. |

Ruta por
Turkmenistán

El permiso de
circulación por Turkmenistán incluye un mapa en el que marcan por dónde nos podemos
mover. Nosotros elegimos la ruta que se desea hacer, ellos la marcan en el plano, calculan
el kilometraje y se paga a razón de 6,5 pts/km (0,04 US$) si el coche es de
gasoil o 9,5
pts/km (0,06 US$) si el coche es de gasolina. Esa ruta ya no se puede cambiar y nos
pedirán ese documento en cada control.

Ashgabat, la
capital de Turkmenistán, sigue con la estética soviética de enormes avenidas y
gigantescos parques alrededor de las estatuas al ejército y a los caídos.

Recorriendo el
sur del país somos testigos de que incluso las zonas más irrigadas siguen siendo
desierto y la lucha entre los cultivos y la aridez no tiene cuartel. Al fondo están las
montañas Kopet Dag y al otro lado ... Irán, de donde venimos.

El único agua
del sur la trae el canal artificial Kara-Kum, construido por los soviéticos para irrigar
los campos de algodón del Turkmenistán meridional. Todos estos países fueron
convertidos en gigantescos algodonales regados por canales artificiales, el precio: la
muerte del Mar de Aral y la extenuación de la tierra. Con este agua ahora se intentan
crear otra serie de cultivos para recuperar el suelo y poder autoabastecerse de alimentos.

Niños
trabajando en los algodonales. El paisaje cultivado que veíamos no eran simples
algodonales sino auténticos océanos de arbustos del algodón.

Compartiendo
cena en un hogar turkmen. A pesar de la larga dominación soviética los hogares siguen
siendo esencialmente musulmanes con ausencia de muebles y haciendo la vida sobre las
alfombras que cubren todos los suelos y los almohadones que están por toda la casa.

Avanzando fuera
de la "ruta marcada" en la aduana a través de los cañones a los pies de las
montañas Kopet Dag, frontera con Irán.

Hombre
turkmen.

Mercado de
Tedzhen. Mujer turkmen contando el dinero en su puesto de verduras.

Llegada al
mausoleo de Sultán Sanjar en Merv, llamada "Reina del Mundo" durante la Ruta de
la Seda. Este es el resto más completo de una ciudad de 100 km2 que dicen que inspiró
los cuentos de "Las Mil y Una Noches" de Scherezade. Pero pasaron las tropas
mongolas de Tuluy, hijo de Gengis Khan, y .... El historiador Geofrey Moorhouse habla de
la destrucción de Merv y pone textualmente: " Fue como si Merv hubiese sido arrasada
por una bomba atómica pero si la suma de los muertos de las bombas sobre Hiroshima y
Nagasaki está estimado en 225.000, los mongoles, tan solo con espadas, cuchillos y hachas
aniquilaron a un millón de personas. Días después, cuando las tropas se fueron,
regresaron los pocos supervivientes hacia las ruinas de su metrópoli, pero tan solo para
caer en una emboscada de Tuluy y sus hordas, que viciosamente acabaron su trabajo."

Abandonamos el
asfalto y vamos a través del desierto de Kara-Kum para ver el increíble río Amu Darya
surcando las arenas.

Las aguas
turquesas del río Amu Darya cortando en dos las arenas del Kara- Kum. Una imagen
increíble porque normalmente los márgenes de los ríos que surcan los desiertos suelen
tener vegetación pero el desierto de Kara Kum es distinto ... ¡no permite la vida ni con
el agua! Una visión que estremece.

Matnaser, que
con sus 71 años sigue cabalgando por la estepa. Su rostro es la prueba de la mezcolanza
entre mongoles y caucasianos, su largo guardapolvos (el chapan), sus botas por encima de
los pantalones y su gorro (el papaj) nos muestran en un segundo una imagen del pasado.
Como él, son muchos los ancianos que siguen vistiendo a la antigua usanza. Los turkmen
tiene muy reciente su pasado nómada, hace tan sólo una o dos generaciones que se
hicieron sedentarios.

La imperial
Konye Urgench, con el minarete Kutlug Temir (el más alto de Asia Central) y el mausoleo
de Torebeg Khanym al fondo. Ahora, acompañando la paz de este lugar se encuentra un
peculiar cementerio de épocas más contemporáneas. Sus tumbas están presididas por unas
escaleras de madera clavadas sobre las sepulturas, probablemente como alegoría de la
ascensión al paraíso. (Más fotos en link)
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