
Y por fin llegamos a San Pedro de Atacama, el pequeño burgo constituye el corazón de la zona. Su recogida y coqueta plaza de Armas luce con orgullo su entrañable e histórica iglesia. Erigida en 1.744 se halla rodeada por un muro de adobe y su torre fue agregada a mediados del siglo XX. Entramos a ella por una de sus tres puertas de piedra en forma de arco.

En su interior nos llama poderosamente la atención su cielo de tablillas de cactus cubiertas de barro y paja. A través de sus cuatro ventanales una suave luz ilumina su sencillo altar y el retablo en piedra tallada con tres filas de nichos policromados presidida por San Pedro.

Algunas
calles de San Pedro de Atacama poseen ese sabor colonial de blancos y ocres que
tanta paz transmite.

El museo está excelentemente organizado con una valiosa colección de cerámicas, colección de figuras de oro ceremoniales, cerámicas y una colección de esqueletos, calaveras y momias espectaculares (en la foto) que no hay que perderse.