
Todo el entorno del Salar de Atacama sigue deleitándonos ... y sorprendiéndonos. Hemos ascendido y descendido por montañas terrosas hasta llegar al valle de la Luna, una altiplanicie estratificada sobre la que brotan curiosas figuras escultóricas modeladas por el viento. A su alrededor, la sal gema se engarza sobre la moqueta blanca como un pequeño firmamento de resplandores. El suelo nos lanza múltiples guiños provocados por la incidencia del sol sobre esos trozos de sílice cristalizados, unos "diamantes" de sal totalmente transparentes debido a la cristalización a altas presiones y sin humedad.

Las
esculturas del Valle de la Luna siguen escoltando nuestro avance.

El
blanco juega con las sensaciones y nada es lo que parece en el valle de la Luna.
Como si una nevada se hubiese petrificado para siempre.