Pero en Atacama no hay tan solo deslumbrante naturaleza, también aparecen salpicados restos de antiquísimas civilizaciones. El ayllo de Tulor es el vestigio habitacional más antiguo de la zona con sus más de mil trescientos años de antigüedad. Ha logrado conservar algunos restos que evidencian su vetusta existencia, dibujos circulares que representan la parte alta de las viviendas que alojaban a sus ancestrales habitantes. En esta ocasión la arena fue su aliada para la posteridad al sepultarle junto al  ayllo y el pueblo.

Otro de los restos arqueológico: el pukará (fortaleza) de Quitor. Esta pequeña ciudad defensiva trepa por un empinado cerro a las afueras de San Pedro de Atacama. Defendido por un barranco infranqueable data del siglo XII pero se reforzó su fortificación durante la ocupación incaica. En 1.540 Francisco de Aguirre atacó el pukará consiguiendo que sus caciques se rindieran. En 1.992, con la aportación de la Agencia Española de Cooperación Internacional, se reanudaron las labores de restauración de la fortaleza con motivo del Quinto Centenario del Descubrimiento de América.