
Pero en las lindes del gran Salar ha obrado la varita mágica de un hada llamada naturaleza. Con un simple toque ha hecho brotar en medio de la aridez más absoluta el maná de la vida: agua. Ahí están los oasis donde se asentaron desde tiempos prehispánicos grupos indígenas que desarrollaron la llamada cultura atacameña. Por estos pequeños poblados (como el de Peine en la foto) encontramos una fuerte fusión entre sus orígenes indígenas y el legado hispánico. Pero los primeros poblados aparecieron hace 3.000 años cuando tras miles de años de trashumancia se hicieron sedentarios.

Esa
varita mágica no sólo proporciona riego y agua potable sino que a veces, en un
ademán de extrema generosidad, como en la Cocha de Peine, crea un balneario
natural de varias piscinas (cochas) y pequeñas cascadas.

Restos
prehispánicos en el oasis de Peine. Hacia el siglo X d.C. los pueblos atacameños
se vieron influidos por el gran Imperio de Tiahuanaco (Lago Titicaca) que se
aprecia en la cerámica, telas y en el uso de alucinógenos. El posterior
Imperio Inca le aportó técnicas metalúrgicas y cerámicas. El concepto
imperial de los incas les obligó a construir el llamado "Camino del
Inca" que pasaba por este pueblo, Peine, favoreciendo los intercambios
comerciales, el recorrido a pie de los correos o "chasquis" y el paso
de los arrieros que recogían los tributos que debían pagar al imperio Inca.