
Llegamos
al hielo ardiente, estética de mar helado y temperatura ambiente de infierno.
Nos envuelve el Salar de Atacama. Las dimensiones del salar son inmensas, con
una sequedad del aire casi absoluta que junto al frío viento nocturno nos
reseca los labios resquebrajándolos dolorosamente. La gran visibilidad del
salar nos provoca distorsiones en la apreciación de las distancias con lo cual
hay que actuar con cautela en los recorridos que nos proponemos.
Durante el día, el sol en cruel alianza con la sal castigan nuestros ojos y
piel con los potentes rayos del primero y la cegadora luminosidad de la segunda.
Cuando desaparece el astro rey, su seductora novia plata se deja cortejar por
los díscolos vientos. El frío se apodera de los sucesivos campamentos hasta
que el amo del día regresa y expulsa a los intrusos de su reino.