
Cien
litros de combustible en bidones, cincuenta litros de agua potable, veinticinco
litros de agua para el aseo, fruta, vegetales, pan, comida envasada para muchos
días y el GPS limpio de rutas anteriores pero ávido de memorizar nuevos
puntos. Nosotros estamos descansados. Partimos de Antofagasta hacia el
atormentado feudo del desierto. Pablo Neruda escribió: "Alguna vez, cerca
de Antofagasta, entre las malgastadas vidas del hombre y el círculo arenoso de
la Pampa, sin ver ni oír me detuve en la nada; el aire es vertical en el
desierto, no hay animales (ni siquiera moscas), sólo la Tierra, como la luna,
sin caminos, sólo la plenitud interior del planeta." Así es.
Avanzamos por un rostro hecho jirones por la naturaleza, una piel cuarteada
sobre un descarnado cuerpo. Las ruedas de nuestro Montero superan el
resquebrajado terreno mientras el lastimero quejido de los crujidos de las
placas de barro son alejadas por el viento.