
El entorno de la costa no se diferencia mucho del paisaje del interior, tan solo cuando vemos el océano somos conscientes de la presencia del litoral. El desierto devora imparable la tierra hasta los mismos lindes del océano. La vegetación ha tenido que adaptarse al medio hostil al que la naturaleza le ha condenado y ha conseguido superar la obstinada prueba sobreviviendo en los ambientes más hostiles. El cactus, un planta originalmente americana, conceden al paisaje costero su peculiar imagen. De las 170 variedades de cactus que hay en Chile, 145 son endémicas del país.

En
Chañaral, un
dramático paisaje se contempla desde la caleta de este pueblo minero: la lucha
entre la vida y la muerte, el agua y la esterilidad de la tierra. Pero bajo esa
esterilidad los minerales proporcionaron al hombre riquezas que aun hoy en día
siguen explotándose como es el cobre. La carretera Panamericana sigue
discurriendo junto a estos vestigios de un pasado no tan lejano que permitieron
la existencia de estas poblaciones cuyo único sentido era acoger a la población
que trabajaba en las minas, fundiciones y puerto. Un pelicano, miembro de la
nutrida colonia, vigila atento e inmóvil sobre sus aguas a una posible presa
... hasta casi convertirse en una gárgola del desierto.