Las acampadas por Atacama están arropadas por la aridez más absoluta. Su soledad inhóspita nos permite tranquilos campamentos donde podemos disfrutar de las estrellas y la luna tras tomarnos una buena ducha tras las largas jornadas por el desierto. Por la estación en la que estamos las temperaturas no son extremas, es fácil sobrellevar el avance sin ningún tipo de sufrimiento como el que tuvimos en los desiertos africanos al comenzar la Ruta de los Imperios. Las noches son frescas en su punto exacto y dormimos estupendamente.