De nuevo en Bangkok. El plan que trazamos para acometer la capital de la nación tai consiste prácticamente en un asalto por sorpresa seguido de una rápida retirada: entrar un domingo a primerísima hora en la ciudad (no hay tráfico), visitar lo más importante y marcharnos. Bangkok nos causó rechazo la primera vez que estuvimos y no queremos entretenernos en una gran megápolis, bulliciosa, caótica y atestada de largas colas de turistas más tiempo del imprescindible. Nos vamos directos al Palacio Real y su gran templo (en la foto) ... aquello era una riada interminable de turistas de todas las nacionales, colores y credos. La belleza arquitectónica es sublime pero la visita un infierno.

 

Vista panorámica del recinto del Palacio Real de Bangkok

 

Cuando conseguimos salir de la locura del bello complejo palaciego nos acercamos a los templos de Pho del siglo XVIII, el más grande y antiguo de Bangkok con un enorme Buda reclinado de 46 metros de largo y 15 metros de alto en la posición de ascensión al Nirvana.

 

Wat Traimit con su Buda de oro macizo de 3 metros de alto y 5,5 toneladas de peso siguiendo el estilo de Sukkotai.