La batalla que ganó el barquero para hacernos subir primero (que no queríamos) nos salvó de una buena. Al desembarcar salimos sin problemas pero el camión cuando bajó por la rampa sufrió un deslizamiento de carga, se le cayeron las maderas hacia atrás con un estruendo tremendo, se le levantó el eje delantero, su morro apuntó al cielo y se quedó atascado con medio cuerpo en volandas sobre la tierra y medio sobre la barcaza que danzaba al ritmo del Mekong. Si llegamos a estar justo detrás todas las maderas nos hubiesen caído encima atravesando el parabrisas. Menudo final más tonto. Realmente uno nunca sabe donde está la fatalidad. Nosotros preocupados por el enfrentamiento bélico y al final el peligro real estaba en la carga de un camión. También nos libramos de ésta.