Pero mucho más remotas son las construcciones que se levantan a poco más de 25 kilómetros de Hoi An. Seguimos los irregulares carteles que indican el camino a My Son, la capital religiosa e intelectual del dilatado Imperio Champa (siglo IV al XIII). Sus torres en el momento de máximo esplendor llegaron a estar recubiertas de oro, ahora el brillante resplandor del preciado metal está sustituido por el rezumante musgo de la poderosa jungla que avanza impetuosa por el apartado lugar.
Una figura nos resulta familiar en My Son, es Shiva, fundador y protector religioso de las dinastías Champa, de nuevo la influencia hindú -como también vimos en Angkor- quedan patentes entre sus muros.