Al final del camino tailandés llegamos a Mukdahan y nos encontramos cara a cara con el monarca de todos los ríos del sudeste asiático ... cortándonos el paso.
El poderoso río Mekong es el que marca la mayor parte de la frontera natural que separa Tailandia del pequeño y empobrecido Laos. El cauce está tranquilo pero su caudal y anchura impresiona. En unos meses esta desmesurada pero adormecida serpiente de agua se tornará en una infinita anaconda destructora, alcanzando hasta ... ¡14 kilómetros de ancho! en Si Phan Don (Laos). Sus desbordamientos, la corriente de velocidad imparable y su desembocadura en tromba en el sur de Vietnam provocará un año más una galería de los horrores con campos devastados, casas arrasadas y vidas perdidas. El río Mekong rasga la tierra en el sudeste asiático, es el sustento de 50 millones de personas a lo largo de seis países, 4.350 kilómetros de felicidad durante tres estaciones y 4.350 kilómetros de miedo durante los monzones. Acaricia y da bofetadas, besa tan pronto como muerde, ama unas veces pero tortura otras. Su pasión desmedida hace gozar y padecer, arranca lágrimas de júbilo y llantos de dolor. Tan dulce como cruel y capaz de satisfacer a sus seis amantes.