Llegamos a Phnom Penh, su Palacio Real nos da la bienvenida. Como uno de los escasos edificios no destruido por los khemeres rojos, el Palacio Real nos traslada al siglo pasado, cuando los franceses construyeron esta joya preciosista como residencia del rey Norodom. Los extranjeros, camboyanos y estudiantes con uniforme nos entremezclamos en este apacible y precioso lugar.
Palacio Real. Las esmeradas cubiertas y pináculos rematan de sobremanera este complejo palaciego.
Palacio Real. El más famoso de los pináculos, el de las cuatro caras, en una clara alusión al templo de Bayón en Angkor.