Si Angkor es el alma de Camboya, el gran lago Tonlé Sap es su corazón. Alquilamos una pequeña barca en el pueblo flotante de Chong Khneas y emprendemos el recorrido por las prolíficas aguas lacustres. El olor a pescado secándose al sol al comienzo del trayecto es tan terriblemente fuerte que llega a aturdir. Las casas-botes se suceden sin cesar: las mujeres y hombres aparecen cocinando, limpiando el pescado, charlando, cuidando de los bebes, bañándose, reparando redes, pescando, vendiendo verduras, frutas, refrescos.