Es en el templo de Ta Prohm donde la magia de Angkor captura los espíritus de los visitantes. Va más allá de la subyugación por la historia y la arquitectura, más allá del poder de la naturaleza. Es la amalgama de ambos en la íntima fusión de sus cuerpos. El hombre creó una maravillosa obra en este lugar y cuando la abandonó... la jungla atrapó la piedra de los palacios y templos como si fuera una amante celosa que solo quiere poseerlo para ella sola. Así es Ta Prohm, reservado, silencioso, petrificado para los siglos venideros, mudos testigos de lo acontecido. La naturaleza ha vuelto a lo que fue suyo con sus poderosos tentáculos. Pero si el tiempo ha desfigurado el rostro de la perfecta arquitectura khemer, esos nuevos rasgos la convierten en más misteriosa y atrayente. Está prácticamente virgen, casi como cuando fue descubierto. Las ruinas visten capas verdes de musgo, helechos y lianas, los árboles se yerguen sobre muros y torres como cetros de poder, las raíces penetran sus gruesos dedos entre las carnes de su amante de piedra, como muestra de un amor eterno que nadie podrá romper.
Templo de Ta Prohm, los árboles crecen en los lugares más inverosímiles y se erigen en los cetros de la jungla.
Templo de Ta Prohm. Nos sentimos empequeñecidos por la escala de Angkor pero seguramente Angkor se sienta desvalido ante el arrollador poder de la naturaleza.
Templo de Ta Prohm. La fuerza de la jungla.