Ayuthaya, a unos 86 kilómetros al norte de Bangkok, es el "corazón" de la historia tai. Este amplio complejo monástico gozó de un prestigió internacional inimaginable. Los diplomáticos y comerciantes europeos que a finales del siglo XVII la visitaban la describieron como una "ciudad de inolvidable esplendor". Durante más de cuatro siglos (desde 1350 a 1767) fue la capital real tailandesa, un imperio que extendía su soberanía a Laos, Camboya y Birmania. Fueron treinta y tres monarcas siameses los que gobernaron desde Ayuthaya hasta que los birmanos les derrocaron. En la foto, el chedi del Wat Ratburana, el más espectacular de Ayuthaya.
Panorámica del recinto del wat Phra Mahathat.
Phimai es del período Angkor de Camboya pero anterior al espléndido Angkor Wat. Las avenidas escoltadas por las multicéfalas serpientes petrificadas, las "nagas", se yerguen con su terrorífico semblante como las protectoras de los palacios y templos imperiales. Fue tal su importancia que cuando Angkor Wat fue construido, Phimai se uniría con ella por una carretera directa.
Phimai, mitológicas Shingas (leones) y Nagas (serpientes multicéfalas) protegen el acceso al recinto y mantienen alejados los malos espíritus.
Desde Phimai seguimos hacia el sur hasta casi tocar Camboya, ahí están los complejos khemeres de Tamuan Tom, Muang Tam y el más fastuoso de todos: Phanom Rung (en la foto), que se eleva prácticamente intacto sobre un pequeño cono volcánico. Avanzamos por su gran avenida con sus flores de loto de piedra hasta llegar a la primera terraza. Cuando penetramos en el recinto tras ascender el último tramo de la larga escalinata, los templos dedicados a divinidades hindúes como Shiva o el relieve de Phra Narai tumbado (el señor Vishnu en tai) nos sorprenden increíblemente por su fino trabajo.