La novela y la película son épicas pero su historia es muy triste y costó la vida a muchos trabajadores y prisioneros de guerra asiáticos y europeos durante la segunda guerra mundial, cuando los japoneses invadieron el Sudeste Asiático y cometieron auténticas masacres para imponer su presencia y dominio. La línea de ferrocarril que construyeron los japoneses para unir Bangkok con la costa Birmana costó más de 90.000 vidas.
El objetivo del puente sobre el río Kwai era asegurar una ruta alternativa para la conquista japonesa de Birmania y otros países del Oeste. Los ingenieros nipones calcularon que la línea férrea tardaría en construirse cinco años para unir Tailandia y Birmania por vía férrea pero el ejército nipón obligó a trabajadores y prisioneros a completar los 415 kilómetros en 16 meses. Finalmente el puente sólo se utilizó durante 20 meses antes que los aliados lo volaran en 1945, siendo reconstruido cuando la guerra por fin acabó.
Pasear entre las lápidas de los cementerios de guerra de Kanchanaburi es terrible. Pienso con rabia contenida sobre las guerras que han sesgado tantos futuros. Vemos las lápidas con las fechas de nacimiento y muerte de los que encontraron el fin de sus días en esta lenta agonía ferroviaria, muchos de ellos tan solo unos muchachos que rondaban la veintena. Algunas de ellas tienen una flor reciente posada sobre ellas, probablemente dejada por alguno de los cientos de visitantes que diariamente visitan este puente y su cementerio, quizás algún compatriota, quizás un familiar, quizás el propio hijo que ha vuelto al lugar donde su padre dejó la vida en la maldita guerra en la que le tocó participar. Otras lápidas son anónimas y han cincelado simplemente: "Soldado aliado de la guerra 1939-1945. Conocido por Dios". Un triste legado.