Pero Krabi nos hace olvidar la pavorosa meteorología cuando llegamos al mar. Sus islotes emergen como colmillos de infinitas formas mientras un grupo de mujeres con agua hasta la cintura y sombreros cónicos pescan con cañas. ¡Qué espectáculo! No llueve, nos sentamos en la playa bajo las palmeras. Las mujeres arrojan las cañas una y otra vez, cuando capturan una pieza la sueltan del anzuelo y la meten en la canasta de mimbre que cuelga del hombro. Los dientes del mar, desbordantes de vegetación, rompen el horizonte por mil lugares.
Playa de Ao Nang (Krabi), sobre su fina arena las barcas llevarán a los viajeros que lo soliciten a cualquiera de las islas paradisíacas que deseen.
Puerto de Hat Nopparat Thara, otro enclave que fascina por la vida que le dan los pescadores y el paisaje.