El calor hoy ha sido horroroso. El sol castiga más de lo normal, como vengándose por los días que le han mantenido cautivo las nubes y la lluvia. Pero cada curva que nos acerca a las Cámeron la temperatura desciende para nuestra felicidad. Las Cámeron se convirtieron en una estación balnearia de montaña décadas después de que en 1.885 el topógrafo William Cameron llevará a cabo el trabajo de confeccionar los planos de la zona. Tras él llegaron las plantaciones de té con los obreros indios que los ingleses trajeron para encargarse de su cultivo y recolección. El oleaje verde y recortado de los arbustos de té (en la foto) recubrieron sinuosamente la mayor parte de las colinas. Luego llegaron los comerciantes chinos con su infalible olfato para los negocios y finalmente aquellos que intentaban huir del calor de las tierras bajas. A este último motivo nos hemos unido nosotros con esta afortunada y acertada elección. Finalmente será en este entrañable y sosegado lugar donde celebraremos el cambio de año, de siglo y de milenio. En estas montañas que nos han permitido recobrar la forma física y mental así como la serenidad de la intensa actividad y el calor de las llanuras. Una semana antes no hubiésemos podido contestar a la pregunta de donde íbamos a pasar este cambio histórico, vamos improvisando sobre la marcha. Nada es previsible, es la aventura.

La hermosura de las ondulaciones de los campos de té en los montes Cámeron.

 

Recogida del té.

 

Tampoco falta la huella inglesa, esta mansión Tudor con césped impecable es como un pedacito de la Gran Bretaña en Malasia.