A casa de Béatrice nos llega la documentación que desde Pakistán nos remiten para poder "liberar" nuestra montura. En su  teléfono recibimos la llamada que el agente de Singapur nos hizo para comunicarnos la llegada del carguero que traía a nuestro compañero.
Cuando realizamos los trámites portuarios y de aduana nos dimos cuenta del gran acierto que fue elegir Singapur como puerto de desembarco. Realmente está a la altura de su reputación. Es como una máquina eficiente, bien engrasada y rápida. "Corrupción" es una palabra que no figura en el diccionario singapurense, en su lugar nos encontramos honradez, transparencia, organización y efectividad.
En el puerto abrimos el container, ¡ahí está nuestro compañero! El mar nos ha devuelto nuestra montura sana y salva y rueda de nuevo por la tierra. Los templos chinos de Singapur  nos dan la bienvenida en los primeros kilómetros que rodamos por esta nueva zona del mundo. Los expedicionarios nos hemos reagrupado por fin, de nuevo juntos para recorrer miles de kilómetros hasta donde nuestras inquietudes y curiosidad innata  nos lleve.