Ya no hay asfalto, la pista se estrecha cada vez más a medida que penetramos en el valle, el camino labrado en la roca nos hace sentir la opresión de gigantescas rocas sobre nuestras cabezas y el vacío a nuestros pies. Preferimos no mirar el modo de sujeción de la pista en determinados tramos: piedras amontonadas creando un frágil muro de contención y recubierto de tierra para alisarlo. Pero los kalash tienen que estar cerca. Un hormigueo recorre nuestros cuerpos en espera del momento definitivo, quisiéramos poder ver a través de las rocas para adelantar el momento.