La puerta del fuerte, una obra impresionante. Parece más la puerta de una misión jesuita de Sudamérica que de un fuerte himalayo. Una minúscula puerta nos agasaja cuando la empujarla suavemente gira sobre sus oxidados goznes y nos permite colarnos donde se supone que no se puede entrar. Vemos el interior, no nos extraña que no esté abierto al público, todo parece a punto de desmoronarse y reviste un serio peligro para los que se atrevan a pasearse cerca de sus paredes o dentro de sus dependencias.

En su interior se puede apreciar el lamentable estado ruinoso del mismo modo que es fácil imaginarse la opulencia de otros tiempos.

El patio de armas, donde los arcos parecen haber resistido un poco mejor el paso del tiempo.