El paso Shandur no es el clásico puerto de montaña, nos encontramos un altiplano con unos tranquilos lagos rodeados de pasto (ahora amarillos por un otoño moribundo) del que daban buena cuenta una manada de recelosos yaks. Era el cuarto paso de alta montaña que alcanzábamos en esta nueva etapa...pero el primero que no nos recibía con una ventisca de nieve y viento. Tan solo unas pocas nubes blancas sobre el cielo azul y una suave brisa. Trepamos hasta la cima de una de sus colinas para tener una visión panorámica del altiplano. Desde arriba era un espectáculo, se veían los tres lagos, los yak paseando por sus orillas, las cumbres del otro lado, nuestro Montero -minúsculo por la distancia recorrida-. Tras el esfuerzo estábamos que no podíamos ni articular palabra pero también un lugar perfecto para que el corazón y la respiración recuperasen su pulso normal. ¡Pero como pueden jugar al polo a esta altura!