La fundación Aga Khan está realizando una soberbia labor en todos estos valles recónditos: escolarización, mecanización de la agricultura, búsqueda de agua, higiene, sanidad y un largo etcétera. Un cartel de esa fundación en Teru sobre la protección de la infancia nos vuelve a recordar el gran abismo que separa el tercer mundo del próspero occidente. Los "accidentes evitables" de los niños pakistaníes hablan por sí solos: no dejar las armas de fuego al alcance de los niños, vigilar que no toquen los quinqués de gasolina, que no se les aplaste al compartir la cama, no dejar solo al niño con el fogón de leña, evitar que los niños suban por las escaleras de madera que llevan al tejado (allí se seca lo cosechado), no permitir que los niños se acerquen demasiado a la acequia donde la madre lava la ropa, etc.