Cuando cruzamos el puente colgante que nos aproxima al pequeño poblado de Shigar a través del valle del mismo nombre, las rocas se abren de un modo espectacular para conjugar arena, agua, rocas, hielo y el verdor del oasis. Cuesta creer que esto sea fruto de la combinación aleatoria de orografía y climatología, cuesta creer que no sea una legión de artistas celestiales los que hayan modelado el Himalaya para poder decir con orgullo: "esto no lo supera nadie". Si esa legión de Ángeles existe, tras recorrer el Himalaya en China, India, Nepal, Sikkim, Ladakh y Pakistán, podemos decirles mirándoles a los ojos: "lo habéis conseguido, no hay un lugar en la tierra como el Himalaya".