Y finalmente el remate, el otro extremo del puente, más sólido pero repleto de boquetes entre los troncos que debieron de ser recubiertos con pedazos de traviesas partidas y piedras. La salida del puente también fue apoteósica, el escalón era enorme y tuvimos que amontonar muchas piedras, al rodar sobre ellas algunas se desplazaban y otras hasta salían despedidas con violencia.