Cuando todo estuvo apunto llegó la prueba de fuego, las casi 3 toneladas del Montero iban a colocarse sobre aquellos tablones y lo peor de todo es que deberían permanecer allí durante un largo periodo de tiempo, desplazándose de un tablón a otro. Fueron 45 minutos de duro trabajo para Vicente, venga a desplazar maderos de atrás hacia adelante, venga a encajar piedras, venga a hacer equilibrios entre los troncos desnudos sin travesaños o por el estrecho pasillo entre el Montero y el chapuzón en el pedregoso río.