"¿Pero qué es esto? No me lo puedo creer, ¡mira el puente!", me dice Vicente. Iba a decir "¿Qué le pasa?", pero cuando lo miré era tan evidente que nada salió de mi boca. No había puente, o mejor dicho estaba el esqueleto del puente pero faltaban más de la mitad de las traviesas. ¡No se podía pasar! Vicente se baja del coche y mira la escena perplejo Su comentario me dejó de una forma contundentemente clara su determinación.: "Yo no vuelvo hacia atrás, hay que pasarlo como sea. Creo que con los tablones que quedan, separándolos entre sí, dan la longitud del coche. Si meto el Montero en el puente y los tablones que dejo atrás los paso hacia delante … avanzando tablón a tablón … podríamos llegar al otro lado". Y era cierto, Vicente tenía razón, era posible.