Pero tan solo la prensa trae tragedias en Islamabad y nos deprime, el resto del tiempo la moral es alta. La nueva ruta nos atrae como un canto de sirenas desde ese "mar" de olas de piedra que configura el Himalaya. No nos resistimos a su seductora, persuasiva, insinuante llamada y en unas horas de carretera nos encontramos recorriendo el inestable valle de Kaghan por su azarosa pista.