Aunque muy pocas, tampoco faltan las lanchas con soldados armados que patrullan por la Srinagar flotante, nos saludan agitando la mano y con su mejor sonrisa. Debemos de ser los únicos extranjeros en este infinito lago. Nos recorre una amarga conmoción en lo más hondo. Srinagar no se merece este ostracismo al que los acontecimientos históricos y políticos le han condenado. ¿Cuánto tiempo deberá pasar para alcanzar la alegría y prosperidad de antaño?