Salimos de la acua-ciudad y nos introducimos en el acua-campo. Nos movemos por estrechos pasillos entre profusos juncos, las bandadas de patos se apartan acompasadamente cuando la imparable proa de nuestra shikara llega a su altura. El verde de los nenúfares, el amarillo de los lirios y los rosas de las flores de loto tapizan las aguas creando jardines paradisíacos, en ocasiones forman una aglomeración tan compacta que da la sensación de que sería posible andar sobre ellas. Pequeños terruños que emergen de entre las aguas nos muestran cultivos de maíz, tomates, pepinos, calabazas y mil productos hortifrutícolas.
Los jardines acuáticos de Srinagar.
Las mujeres recolectan todo tipo de plantas acuáticas para alimentar a sus animales.