El paso de Zoji-La con sus 3.529 metros de altura nos marca el punto donde la naturaleza comienza a transfigurarse. Su faz de estratos desnudos y desgarrados, sus fuertes y poderosas murallas pétreas comienzan a ceder paso a laderas plagadas de pinos y abetos y a copiosas terrazas de cultivos de maíz, tabaco y arroz.Nos sumergimos en "El valle de la felicidad", como conocen en Cachemira a esta rica y fértil tierra que el río Jhelum fecunda. La ruta fue muy dura, la pista estaba hecha trizas debido a desprendimientos de rocas, grietas provocadas por la erosión de las fuertes lluvias y una tierra que difícilmente se mantiene en equilibrio. El trazado estará siempre a merced de los caprichos de la montaña y la climatología, alcanzando su culmen de poder durante el invierno, cuando haga lo que haga el hombre Cachemira queda cortada en dos al confabularse los altos riscos y la nieve. Cuando desde nuestro Mitsubishi Montero, al borde del precipicio, vemos la pista de bajada del Zoji-La no podemos evitar un estremecimiento. (La pista se ve a la izquierda de nuestro Montero). Todo parece que se va a venir debajo de un momento a otro.