El gompa de Karsha, por el contrario, se esfuerza a conciencia por trepar por la empinada colina donde se atrinchera. Al vernos surgir en la puerta, una camada de perros custodiados por sus voluminosos familiares y amigos se diluyen perezosamente entre las sombras de las estancias monacales. Dos monjes aparecen ataviados con sus gorritos a la puerta del templo y ellos y sus sonrisas nos acompañan por todo el recinto. Los monjes deben gozar de unos buenos músculos en las piernas porque las interminables escaleras de enormes peldaños que nos conducen por este babel hasta la capilla principal de la cima nos dejan exhaustos. Los monjes deben gozar de unos buenos músculos en las piernas porque las interminables escaleras de enormes peldaños que nos conducen por este babel hasta la capilla principal de la cima nos dejan exhaustos.

El gompa de Karsha encaramado a la pared rocosa que lo cobija.