Ni en los mapas que tenemos ni en los libros figuraba que hubiese nada especial entre Khalsi y el gompa de Lamayuru pero ya creo que lo había. La ascensión es un entramado inimaginable, es alpinismo automovilístico de una pared vertical de cientos de metros a base de un paranoico zigzag de curvas enredadas con espeluznantes y sobrecogedores rizos.
Una vez arriba y admirando el paisaje que nos rodea, esos dinosaurios mecánicos que bajaban zigzagueando hacia el valle parecían hormigas correteando por un hormiguero. La llegada a Lamayuru no podía haber sido más teatral.