El permiso que nos ha concedido la Magistratura del Distrito incluye el valle de Dah, cerrado hasta hace muy poco a los extranjeros debido a la proximidad de las conflictivas zonas fronterizas. Y es un acceso realmente restrictivo puesto a que a la más mínima incidencia fronteriza -y hay muchas- se prohibe el acceso, sin ir más lejos, todo el año pasado estuvo cerrado por la guerra artillera que libraron la India y Pakistán en este lugar. El desfiladero, un nuevo Shangri-La repleto de oasis de montaña, serpentea por imponentes montañas, al fondo de las cuales corre el Indo en forma de un torrente flanqueado por muros escarpados o por paredes de piedra suelta que no paran de desmoronarse.
Valle de Dah, una amalgama formada por piedras sagradas con inscripciones tibetanas (a la derecha) y un rosario de vergeles gracias a las aguas del mítico río Indo.