El lecho seco y holgado sobre el cual avanzamos hacia el sol de poniente nos dirige hacia un paraje imprevisible. Entre Diskit y Hunder, rodeado de picos nevados, nuestros ojos reflejan unas olas inertes y de nuestros labios sale una palabra árabe que hace mucho que no pronunciamos: "sahara". Estamos a 3.200 metros de altura y nuestras botas se hunden en suaves y sinuosas dunas, Vicente se arrodilla y clava una mano en la arena para volver a sentir este atrayente elemento deslizándose para escapar de un imposible cautiverio.