Tras el río Nubra, seguimos las huellas que el Shyok ha dejado sobre la tierra, así alcanzamos el pueblo de Diskit y sobre él vislumbramos el monasterio budista más espléndido del valle. "Julai", "julai", nos dicen en coro dos pequeños novicios de apenas siete años. "Julai", les respondemos y se dan una buena carrerilla para reunirse con nosotros, que nos habíamos detenido en la base del gompa para admirarlo.
El gompa de Diskit, otro juego de volúmenes trepadores que se encaraman a la roca desafiando la gravedad y a la naturaleza.