Los ojos se nos quedan cautivos cuando aparecen mujeres con sus largos trajes de lana, los altos gorros y su intenso pelo negro recogido en dos largas trenzas unidas al final entre sí. También algunos ancianos, con una especie de bata marrón larga cerrada en la cintura por un cordón largo de colores, y los monjes, con sus túnicas carmesí, siguen haciendo honores a la memoria de sus antepasados y convierten a Ladakh en un mundo perdido.