¡Ahí, ahí, ... justo debajo de la oreja! ¡Que ricoooo! El sol empezaba a declinar inundando de tonos dorados las plácidas aguas del río Moyar cuando surgieron los elefantes cruzando la carretera, tras ellos, sus mahouts, "conductor y maestro" del elefante. Lentamente eran introducidos por la orilla mientras con gestos y palabras rotundas y precisas les ordenaban meterse en el agua. Se apoyan en la trompa y muy lánguidamente, como si fueran a cámara lenta, los elefantes se iban tumbado sobre el lecho del Moyar. Entonces comenzaba la tarea del baño. Con un buen cepillo de púas le iban frotando la dura y áspera piel. Los elefantes parecían disfrutar de lo lindo a juzgar por los suspiros que lanzaban mientras sus amos se empleaban a fondo para restregarles la piel con energía.
¡Sube un poquito .. ahora con fuerza! ¡Qué bieeeen!
Eso es, los sobaquillos también.