Y por supuesto que subimos, con la piedra ardiendo ... ¡y sin zapatos!, como exige la santidad del lugar. Cuando alcanzamos la cima, tratamos de recuperar el aliento -y la sensibilidad en los pies- mientras elevamos la vista hacia lo alto de los 17 metros que mide la estatua de granito del supremo Bahubali completamente desnudo -símbolo de renuncia- y representado con hiedras que le trepan por todo el cuerpo como símbolo de impasibilidad penitente. Fue aquí donde el emperador Chandragupta Maurya, que abandonó su reino para abrazar el jainismo, acudió con su gurú. Siglos después sus seguidores levantaron esta inmensa figura, es la escultura monolítica más grande del mundo.
Tamaño comparativo de Marián con el supremo Buhabali del templo Sravanabelagola, la escultura monolítica más grande del mundo.
A los pies de Buhabali hay un pequeño santuario donde se hacen las ofrendas. Los pies de esta estatua que representa un santo de la mitología jainista son lavados cada mañana por los monjes pero el baño "completo" se hace cada 10-15 años, cuando se cumplen unas determinadas conjunciones astrales.