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Por las paredes rocosas que flanquean la angosta ascensión a la acrópolis de Gwalior, los jainistas -y posteriormente los budistas- se dedicaron hace 500 años a penetrar en las rocas para moldearle imponentes esculturas. Hoy en día siguen siendo visitadas por los fieles, que las adornan con guirnaldas de flores como muestra de veneración.

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Esculturas labradas en la pared rocosa de la ascensión al fuerte de Gwalior. Nunca faltan las guirnaldas de flores de los fieles.