-¿Pero
por qué pitan de ese modo? -Pregunté a Marián.
-No tengo ni idea pero el semáforo está en rojo. -Me contesta mientras gira la cabeza y
abre la ventanilla para atender a un joven que golpea con sus nudillos el cristal.
-Tienen que avanzar. -Nos dice.
-¿Pero el semáforo está en ...? -No me deja terminar la frase.
-No importa, tienen que seguir, no funcionan bien. -Concluye.
Meto primera y avanzo despacito por el cruce. Los pitidos siguen, vienen de todos lados
pero no es por nosotros. Es el sonido ambiente de todas las ciudades de Egipto. En la
esquina vemos un policía apoyado en el semáforo ... que pasa de todo. Nos habíamos
olvidado que el tráfico en Egipto funciona de este modo y como era el primer semáforo
que nos encontrábamos en dos semanas ... lo respetamos.
Acabábamos de entrar en Luxor y el ruidoso y confuso tráfico nos sigue arrastrando hasta
el centro. Las calesas de caballos se entremezclan con los coches y los semáforos que
siempre tienen el mismo color (depende de la bombilla que todavía queda sin fundir) son
los elementos que ponen la guinda al embrollo urbano. Decenas y decenas de hoteles,
restaurantes, terrazas, tiendas de recuerdos, ... invaden la avenida que transcurre frente
al Nilo. Constantes guías espontáneos nos ofrecen sus servicios así como la posibilidad
de alquilar una faluca para recorrer el río.
Demasiado ruido, demasiados agobios, demasiados "give me bakshis" (dame
propina). Después del sosegado ambiente de los oasis esto nos aturde... pero los lugares
que aquí se asientan desde época inmemorial son de un valor incalculable. El templo de
Karnak, el templo de Luxor, la otrora poderosa Tebas, las tumbas del Valle de los Reyes,
del Valle de las Reinas... nada tiene desperdicio, es imponente.
EL VALLE DE LOS CONVOYES
En esta ocasión, nuestro objetivo no es recorrer los lugares
"faraónicos" del Nilo (ya visitados en dos ocasiones) sino seguir con la
filosofía de la RUTA DE LOS IMPERIOS e ir ofreciendo una visión distinta a la típica de
Egipto. Para ello pretendemos alejarnos de las grandes aglomeraciones turísticas y
recorrer el Nilo desde Luxor hasta Asuán para poder empaparnos de la vida que a orillas
del Nilo desarrollan sus gentes.
Intentamos salir de Luxor en dirección sur pero un control nos frena en seco:
-Welcome! ¿Adónde van ustedes? - Nos pregunta en un inglés muy elemental el jefe del
control.
- Vamos a seguir el Nilo hasta Asuán. -Le contestamos muy seguros de nosotros mismos.
Pero el movimiento de la cabeza, de las manos y el "la, la, la" (que significa
NO en árabe) nos dejaron bien claro que algo no iba bien.
- No pueden ir solos, tienen que esperar al convoy de las 4 de la tarde-. Nos afirmó
categórico.
Por mucho que le insistimos fue imposible convencerle de lo contrario. Los extranjeros no
están autorizados a viajar por su cuenta a lo largo del Nilo, es obligatorio seguir a uno
de los tres convoyes diarios que se configuran para que los tours organizados vayan de un
lugar a otro. No es que haya peligro, nosotros lo vimos como una paranoia por la
seguridad. Están todavía bajo el síndrome del terrible atentado de noviembre del 97.
Desde entonces no se ha producido ningún incidente pero ... siguen las mismas
regulaciones.
Para nosotros eso era inviable, no podíamos recorrer el Nilo en medio de autocares
turísticos que tan solo hacen paradas en los templos. No nos quedó otra opción que
suspender la etapa de Luxor a Asuán.
Pero salir de Luxor hacia el norte era la misma película. Convoyes preestablecidos a las
6 y 8 de la mañana y a las 4 de la tarde.
Luxor, 8 de la mañana. Estamos perplejos, estamos en medio del convoy que va a partir en
unos instantes hacia el norte (Qena y Hurghada). Contamos a ojo unos 50 autocares y unas
40 furgonetas pequeñas. ¡Menudo convoy!
Por experiencia sabemos que los convoyes grandes van siempre lentos pero aquí todo era
distinto. La pick-up del ejército que iba a la cabeza salió pisando el acelerador a tope
y todos detrás para no perderle. Los autocares y los minibuses adelantándose los unos a
los otros para coger posiciones y llegar primero, todas las carreteras cortadas para que
esta gigantesca serpiente motorizada no se parase, los arcenes llenos de lugareños que no
se querían perder el espectáculo... el convoy parecía "la carrera de los autos
locos". Era digno de una película de persecuciones.
Llegamos a Quena, hemos hecho 58 Km. en 33 minutos. La caravana se divide sin detenerse,
todo iba muy rápido, no sabíamos qué ramal seguir, vimos el cartel de Port Safaga en el
último momento y nos dio tiempo a girar a la dcha. por los pelos. Los que van al templo
de Dendara (al lado de Quena) tiran a la izda., los que van al Mar Rojo o al Cairo hacia
la dcha. Los otros conductores sabían a donde iban y estaban acostumbrados a esto pero
nosotros íbamos "a pelo", éramos los únicos "individuales". Al
final ya nos dio la risa floja porque no nos podíamos creer lo que estaba pasando.
Si al borde del Nilo íbamos embalados ... cuando el convoy cogió la carretera del
desierto que va al Mar Rojo ... ya no bajamos de 130 km/h. En las cercanías de Port
Safaga el convoy se vuelve a dividir sin detenerse pero esta vez no nos pillan de sorpresa
y todo va bien. Llegamos a Hurghada, por fin libres, el convoy se disuelve. Eran las once
de la mañana.
Hurgada en otros tiempos era un pequeño pueblecito de pescadores, pero desde que se
descubrieron sus soberbios fondos coralinos, el pueblo ha crecido descomunalmente
enfocando su razón de existir a esa actividad. El resto de las actividades se reduce a
bañarse en las playas privadas de los hoteles de lujo( porque en las públicas las
mujeres no se bañan o lo hacen vestidas).
EL ÚLTIMO OASIS Seguimos avanzando hacia el norte. El color del
mar es de un azul turquesa tan intenso y brillante que destaca de una forma salvaje y
espectacular sobre su oponente - el desierto -, que acecha sin piedad a otro lado del
camino, ocre y seco, carcomido por el sol. Volvemos a girar al oeste y nos volvemos a
adentrar en otra carretera del desierto, nuestro objetivo: Al Fayoun, el "jardín de
Egipto".
Este oasis es el más grande de todos los oasis que existen en Egipto y tiene ...¡más de
dos millones de habitantes!. Los griegos le bautizaron con el nombre de Cocodrilópolis,
pues creían que los cocodrilos del lago Qarun eran sagrados, levantando un templo al dios
Sobek con cabeza de cocodrilo. Este inmenso lago (que a la vista parece que hemos llegado
al mar) se ha convertido en un lugar de recreo para los egipcios que huyen de los rigores
del verano y la fertilidad de sus tierras le proporcionan una gran variedad de frutas y
verduras. Los niños en la playa confeccionan collares con las pequeñas conchitas que
encuentran en la orilla y tratan de venderlas por unas piastras.
Los restos arqueológicos que podemos encontrar en los diversos pueblos que conforman el
oasis no disponen del esplendor o del valor artístico de los del resto del país.
Para nosotros tiene un significado romántico puesto que no lo conocíamos y aquí es
donde termina su largo peregrinar el protagonista de la novela "El Alquimista"
(del brasileño Coelho), un joven que partió de España hacia un rumbo desconocido en
busca de la felicidad y de su destino. No aceptó su destino pre-establecido de cuidador
de cabras y lo dejó todo en España porque estaba seguro de había "algo más para
él" en algún lugar del mundo y ... tenía que encontrarlo. Tras muchas peripecias
lo encontró en Al Fayoun.
LA "METRÓPOLIS"
Si Luxor con dos millones
de habitante resultaba caótica con su tráfico, El Cairo con 20 millones de habitantes
puede resultar una pesadilla: bocinazos constantes, adelantamientos impensables,
mini-buses con el portón del motor abierto para airearlo mientras circulan, carros
tirados por burros, kamikazes en vías de sentido único con las luces apagadas para
ahorrarse dar una vuelta, frenazos de última hora ante colisiones que parecen inminentes
y velocidades desproporcionadas en tramos absurdos... como si estuviéramos en una pista
de los autos de choque de una feria.
Nos limitamos a las visitas imprescindibles en esta hiperpoblada capital porque circular
por ella es una locura. Como siempre, no nos sentimos cómodos en las grandes capitales
pero queremos obtener el visado de Armenia y tras cinco días de espera lo conseguimos,
desde el punto de vista burocrático vía libre para entrar en esta ex-república
soviética. La incógnita es si la república de Georgia nos permitirá el tránsito para
llegar a Armenia ... ya se verá cuando llegue su día.
Tuvimos también un poco de aire español cuando visitamos el Instituto Cervantes, que
funciona de maravilla, y conocimos a Daniel y Hermes. Una tarde disfrutando de su
hospitalidad nos hicieron compartir un ambiente de risas, vivencias y camaradería.
En el camping que nos alojamos trabajamos las crónicas pero lo mejor de todo es que
mientras escribimos tenemos delante de nosotros vistas directas hacia las piramides Keops,
Kefren y Mikerinos, y eso es todo un lujo en una gran ciudad como El Cairo. Los
atardeceres tienen un sabor especial cuando el sol rojizo se esconde tras las pirámides,
un hermoso telón de fondo ... fuera del caos de la gran metrópoli.
También nos ha servido este alto para poder recuperarme de lo que creíamos que era una
tremenda caída de tensión debido al calor y que me tenía en un estado de agotamiento
total. Durante varios días apenas tenía fuerzas para mover mi propio cuerpo. No tenía
ni vómitos ni diarrea por lo que no sospechamos de ninguna enfermedad intestinal (son
siempre los primeros síntomas). Duraba demasiados días y no era normal así que Marián
se puso a repasar todas las enfermedades y sus síntomas y la encontró ... tenía una
giardiasis, un parásito que causa desordenes intestinales y que se encuentra en el agua
contaminada. La giardiasis tiene tratamiento pero cuando nos dimos cuenta ya estaba casi
recuperado así que no hicimos nada, los anticuerpos naturales me liberaron de ella.
En una ruta de estas características, no siempre podemos preservar las precauciones más
elementales porque convivimos mucho tiempo con la población local y te conviertes en uno
más. Existen muchas ocasiones en las que compartes los mismos vasos, comidas en salsas
extrañas, ensaladas, agua de grifo, invitaciones de té, etc. Somos conscientes de los
riesgos que eso entraña pero lo asumimos, las vivencias son tan intensas que el riesgo
merece la pena (al menos para nosotros). Cuando se viaja por poco tiempo no se quieren
problemas de salud y las precauciones se han de mantener a rajatabla pero en el caso de
viajes tipo expedición (La Ruta de los Imperios durará ... ¡dos años! ...en principio)
no se puede ser escrupuloso. Hay que mantener ciertas precauciones pero para disfrutar
plenamente de la experiencia de la convivencia hay que relajarse y ... si toca ... ¡mala
suerte! Marián y yo siempre hemos bebido el mismo agua pero igual el parásito estaba en
el vaso y no en el agua servida. Es una lotería.
También ocurren incidentes imprevisibles como el día que durante una cena el perro del
dueño del local al ver la mesa servida sin nadie alrededor se zampó nuestras tortillas
del plato, y cuando nos quisimos dar cuenta Marián ya se había servido ¡y comido! una
ración de macarrones en el mismo plato que él relamió a conciencia ... con la misma
lengua que se relamía un ojo que tenía infectado. ¡Todo es una lotería! Nos
preocupamos al darnos cuenta pero ... no hubo ninguna consecuencia. Y yo, en cambio,
habiendo bebido lo mismo que Marián padezco los efectos de la giardiasis. Son los
imponderables de un viaje de estas características.
Pero una vez resueltos los trámites burocráticos y repuestos físicamente dejamos El
Cairo atrás, el ruido y el bullicio, para dirigimos hacia el noroeste a una lugar más
apacible por la carretera del desierto hacia Wadi Natrun, el Valle de la Sal.
Desde este impresionante y prolífero oasis saldremos a recorrer la última etapa de
Egipto, los poco frecuentados monasterios coptos del desierto.

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"Ruta por Egipto"

"El Nilo, esa interminable serpiente de vida que
vence al poder de las arenas. Los mástiles de las falucas parecen burlarse del mar de
dunas que se haya ahí mismo."

"Paso ante el templo de Luxor."

"Los colosos de Memnon, a la entrada del Valle de
los Reyes, permanecen como centinelas solitarios del cambiante paisaje que les
rodea."

"Muchas casas de los pueblos del Valle de los
Reyes decoran sus muros exteriores con pinturas que reflejan que se ha ido en
peregrinación a la Meca ... y ponen como fueron y lo adornan con imágenes del viaje o de
sus santos y profetas."

"Fumando la pipa de agua en el Oasis de Al
Fayoun. Hay costumbres que no se pierden ni en los más recónditos lugares."

"La única de las llamadas "Siete
Maravillas" que ha llegado hasta nuestros días: las Pirámides de Giza."

"Puesta de sol sobre las pirámides desde el
camping Salma en el Cairo. Unas vistas de ensueño en un lugar que no conocen ni los
propios lugareños. Tan solo aparece en las guías especializadas para viajeros
individuales."
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